martes, 16 de septiembre de 2014

LAS OVEJAS DE JESÚS NO PERECERÁN JAMÁS

                                         
 Por: Heliodoro Cruz Morán                                       




INTRODUCCIÓN.
Según la Numeralia de asociaciones religiosas hasta el 6 de febrero de 2014 había en el país 7976 asociaciones religiosas registradas en la Secretaría de Gobernación y 102,517 ministros de culto registrados en la citada Secretaría. De ellas el 99% son asociaciones cristianas.
Como podemos ver hay muchas asociaciones religiosas cristianas y todas ellas derivan su fe de la Biblia, y sin embargo todos piensan diferente, lo cual no es novedad, pues ya desde tiempos de los apóstoles había diferencias de opinión entre los primeros cristianos. Ante esta situación bien podríamos aplicar el refrán que dice que “cada cabeza es un mundo”, o el que utilizo con frecuencia: “siete mil millones de personas en el mundo: siete mil millones de ideas”; o este otro: “El único que piensa como yo, soy yo”.
   Esto viene a colación por el tema que vamos a desarrollar hoy. Hablando de la salvación muchos dicen que una persona salva puede perder su salvación, otros dicen que no. Tanto unos como otros respaldan sus afirmaciones con textos bíblicos, lo cual no podría ser de otra manera, pues si algo tiene la Biblia es que es un libro promotor de ideas, si no, nada mas piense cuantas leyes, cuantas historias, cuantos refranes, cuantas pinturas, cuantas obras humanas y aun religiones (Católicos, Mormones, Testigos de Jehová y otros grupos son considerados como religiones que se salen del cristianismo bíblico), han sido inspiradas  en algún texto o pasaje de la Biblia.
Sobre si una persona salva puede perderse o no, es una discusión que se originó desde hace ya más de cuatro siglos entre calvinistas (seguidores de Juan Calvino), quienes dicen que una persona una vez salva no puede perderse y los arminianos (seguidores de Jacobo Arminio) quienes  dicen que una persona salva si puede perderse. Pero no vamos hablar de lo que pensó Calvino y Arminio; vamos a hablar de lo que dice al respecto la Biblia. Hagamos de cuenta que Calvino y Arminio no existieron que lo único que tenemos es la Biblia.
No dudo que de todos los que lean este escrito algunos pensarán de una manera y otros de otra, pero eso no importa; doy gracias a Dios que en nuestro país hay libertad de creencia, por lo tanto cada quien puede creer lo que mejor convenga a sus intereses espirituales. Ojalá que nuestras diferencias de opinión no fueran motivo de desunión sino una motivación para investigar más a fondo lo que creemos.
Para el desarrollo de mi plática utilizaré en primer lugar algunos versículos del capítulo 6 de evangelio de Juan. Comenzamos.
JESUCRISTO EL VERDADERO PAN DEL CIELO. VERDADERA COMIDA Y VERDADERA BEBIDA.

“No tan sólo de pan vivirá el hombre”, dice la Escritura. Por supuesto que no, aparte de pan necesita otras cosas, pero sin pan no puede vivir; por eso cuando Jesús vio que la multitud que lo seguía se encontraba hambrienta, multiplicó cinco panes y dos peces  y les dio de comer a cinco mil varones  sin contar las mujeres y los niños.

Al mirar como Jesús había suplido su necesidad, quisieron tomarlo para hacerlo rey. Al saberlo Jesús, se apartó de ellos.

Al otro día encontraron a Jesús en la sinagoga en Capernaum hasta donde llegaron buscándolo. El Señor les dice  que solamente lo buscan porque les dio de comer y se hartaron. Cuando él les dice que no deben trabajar por la comida que perece sino por la comida que a vida eterna permanece, ellos le preguntan qué deben hacer para poner en práctica las obras de Dios, él les contesta que la obra de Dios es que crean en el que Dios ha enviado. Entre la conversación ellos le dicen que a sus padres, Moisés les dio a comer pan del cielo. Jesús les dice que Moisés no les dio el pan del cielo, sino que el Padre da el verdadero pan del cielo.  Jesús declara que “el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo”. Cuando ellos le dicen “Señor, danos siempre de este pan”. El les da esta respuesta:
       “Yo soy el pan de vida; el que a mi viene, nunca tendrá hambre; y el que en mi cree, no tendrá sed jamás”.  (Jn. 6:35).

     “Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo”. (Jn. 6:51).

    “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero”.
   Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.
   El que come mi carne y bebe mi sangre, en mi permanece y yo en él.
   Como me envió el padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mi. (Cristo vive por el Padre. El que come la carne de Cristo vivirá por él, porque el que come y bebe la sangre de Cristo, permanece en Cristo y Cristo permanece en él.  Cristo es eterno, es indestructible, por lo tanto quien tiene a Cristo es también indestructible. Cuando una persona recibe a Cristo, recibe la vida de Cristo y esta vida es la que sostiene al creyente para siempre; por eso Cristo dice que quien cree en él tiene vida eterna, vida sin fin, vida indestructible, interminable; también dice que quien cree en él aunque esté muerto vivirá y no morirá eternamente).
 
 “Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan vivirá eternamente.” Jn. 6: 54-58).

   ¿Quién es el pan de vida? Jesús es el pan de vida, es el pan vivo que descendió del cielo, es el pan de Dios, la carne y sangre de Jesús que él dio por la vida del mundo.

PROMESA DE VIDA ETERNA
Las promesas de Cristo para quien come su carne y bebe su sangre:
   “si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre”
   “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.”
   “El que come mi carne y bebe mi sangre, en mi permanece y yo en él.”
   “El que me come, el también vivirá por mi.” (Como los nutrientes que nuestro cuerpo recibe de los alimentos y nos ayudan a vivir, así también cuando recibimos a Cristo él permanece en nosotros y de él recibimos vida; Cristo es nuestra vida, y así como sin alimento material no podemos vivir, sin Cristo tampoco podemos vivir; de ahí el énfasis de la Escritura de que quien quiera vida eterna, debe creer  en Cristo).

¿Es literal lo que Jesús dice que debemos comer su carne y beber su sangre para tener vida eterna? Por supuesto que no. Jesús siempre usó figuras literarias para  proclamar su mensaje. Lo que está diciendo aquí es que así como es indispensable el alimento material para mantener la vida física así es indispensable creer en Cristo para tener la seguridad de la vida eterna. Que debemos creer en la efectividad de su sacrificio expiatorio; que debemos confiar plenamente en él para ser salvos. (Creer significa fiarse de, apoyarse en, confiar. Por lo tanto los auténticos creyentes no confían en sus propios méritos para ser salvos, confían en los méritos de Cristo; se apoyan en Cristo, confían en Cristo).
   Comer la carne y beber la sangre de Jesús significa creer en él. Así lo declaran los sigs. Vers. del párrafo que estamos considerando.

“El  que en mi cree, no tendrá sed jamás”.
“Esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Jn. 6:40)
(La voluntad de Dios es que todo el que cree en su Hijo tenga vida eterna: es su voluntad, es su deseo, y la promesa del Hijo es que en el día postrero él resucitará a los que creen en él).

   “De cierto, de cierto os digo: EL QUE CREE EN MI, TIENE VIDA ETERNA” (Jn. 6:47).
Leyó usted bien. Jesús dice: EL QUE CREE EN MI TIENE VIDA ETERNA.
Los que creemos en Cristo ya tenemos vida eterna. Si usted cree en Cristo, usted ya tiene vida eterna; si yo creo en Cristo, yo ya tengo vida eterna; desde ahora, no mañana, ni pasado mañana, ni después de la resurrección, sino desde ahora. Si Cristo lo dice, es verdad. De él está escrito: “...no hizo pecado, ni se halló engaño en su boca” (1Pe. 2:22). Jesús no miente, podemos confiar plenamente en él.

   No olvidemos nunca lo que dice Jesús. “EL QUE CREE EN MI TIENE VIDA ETERNA”.
¿Quiere decir que ya no moriremos? Quiere decir que aunque muramos tenemos asegurada la resurrección cuando Cristo venga a raptar a su iglesia para llevarnos a vivir con él.

¿QUIÉNES CREEN EN JESÚS?
Nosotros que creemos en Cristo tenemos vida eterna, pero, ¿Cómo fue que llegamos a creer en Cristo?
   En este capítulo 6 del evangelio de Juan leemos que Jesús dice: “pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quienes eran los que no creían, y quien le había de entregar.” (Juan 6:64), y luego sigue diciendo cual es la causa de que algunos crean en él y otros no: “…por eso les he dicho que ninguno puede venir a mi, si no le fuere dado del Padre.” (Juan 6:65).
   El versículo anterior es la confirmación de Juan 6:44-45 “Ninguno puede venir a mi, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero”. “Escrito está en los profetas: y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mi.”
   Vienen a Jesús y creen en él, solamente aquellos a quienes el Padre trajo a su Hijo. La respuesta es terminante y contundente. Ninguno puede realmente creer en Jesús si no le fuere dado del Padre.
   Los que creemos, oímos al Padre, aprendimos de él y vinimos a Jesús. El padre nos trajo a su Hijo; si no hubiera sido así, aun estaríamos perdidos en nuestros delitos y pecados  rumbo al infierno, pero Dios tuvo misericordia de nosotros y nos atrajo hacia el pan de vida y nos dio fe para creer en su hijo Jesucristo. Por esa fe tenemos la seguridad de la vida eterna y la promesa de ser resucitados en el día postrero, pues esa es la voluntad del Padre, que todos los que creen en Jesús, tengan vida eterna y sean resucitados en el día postrero. “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.” (Jn. 6:40).
    Sólo quien cree en Cristo tiene vida eterna. Si alguien no cree en Cristo es porque el Padre no le a traído a él.  Y si no cree en Cristo no tiene vida eterna.  Aunque nos parezca chocante  debemos aceptar que es Dios quien decide a quien traer a Cristo para que crea en él y sea salvo.  Hoy ya estamos en Cristo, pero fue El Padre quien decidió el momento, el lugar, la hora y la circunstancia para traernos a su Hijo Jesucristo. Dios puso hambre de Cristo en nuestro corazón. Antes de que Dios nos atrajera a su Hijo nuestra actitud hacía él era de rechazo, de desprecio y de incredulidad; aun blasfemamos el nombre de Dios y todas las cosas santas, pero, llegó el momento cuando Dios empezó a provocar circunstancias y situaciones para llamar nuestra atención con el fin de atraernos a sus brazos amorosos. Creó en nosotros la necesidad de él hasta que descubrimos que sin él no podemos vivir.
   ¿Por qué me atrajo a mí para creer en su Hijo Jesucristo y no aquel otro a quien sus vicios lo llevaron a encontrar una muerte prematura? Porque él dice: “Tendré misericordia del que yo tenga misericordia y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere ni del que corre, si no de Dios que tiene misericordia…De  manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece” (Ro. 9:15-16 y 18).
 
 Nosotros que hemos creído en Cristo debemos tener una actitud de agradecimiento hacia Dios por haber tenido misericordia de nosotros y habernos traído a su Hijo Jesucristo y habernos dado el creer en él.
   
Juan el bautista dijo: “No puede el hombre recibir nada si no le fuere dado del cielo.” (Jn. 3:27), y Santiago también dice: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación.” (Stg.1:17).
   Si hoy creemos en Jesucristo es porque el Padre nos lo ha concedido, pues todo viene de él. Si alguien no cree en Cristo es porque el Padre no se lo ha concedido.
En Juan 5:28 y 29, Jesucristo dice: “No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.”
   Jesús anuncia resurrección de vida y resurrección de condenación. Al final de los tiempos habrá irremediablemente perdidos e irremediablemente salvos. 
¿Quiénes serán los irremediablemente perdidos? No hay duda que serán aquellos que no fueron traídos por Dios para creer en su Hijo Jesucristo. ¿Quiénes serán los irremediablemente salvos? Aquellos que fueron traídos por Dios para creer en su Hijo Jesucristo, pues es a ellos a quienes se les promete resurrección y vida eterna.

   “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mi, aunque esté muerto vivirá.
   Y todo aquel que vive y cree en mi no morirá eternamente.” (Jn. 11:25-26).
   “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” (Jn. 3:16).
   “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porqué no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Jn. 3:18).
   Tome nota de esto: “El que en el cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado”, digámoslo de otra manera: el que cree en Jesús desde ahora ya tiene la vida eterna; el que no cree en él ya está condenado desde ahora. En su primera carta Juan dice: “El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” (1 Jn. 5:12). Por lo tanto, quien tiene al Hijo tiene la vida eterna desde ahora; quien no tiene al Hijo, tiene la condenación eterna desde ahora.
   Dios nos dice que si creemos en Cristo tenemos vida eterna. La palabra eterna significa sin fin, por lo tanto usted y yo tenemos vida sin fin.
  
LAS OVEJAS DE JESÚS ESTAN SEGURAS EN LAS MANOS DEL PADRE Y DEL HIJO.
   Vamos a revisar otro pasaje del evangelio de Juan en donde Jesús reafirma que aquellos que creen en él tienen segura su salvación:

En esta ocasión, Jesús se encontraba en Jerusalén. Era invierno. Se celebraba la fiesta de la dedicación y Jesús andaba en el templo por el pórtico de Salomón.  Los judíos lo rodearon y le dijeron:
“¿Hasta cuando nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.”(Jn. 10:24).
   “Jesús les respondió: os lo he dicho y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mi; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos.”(Jn. 10:24-30).

Las ovejas de Jesús lo conocen y lo siguen (El las llama por su nombre, ellas oyen su voz; él saca a las propias y lo siguen, pues sus ovejas no siguen a los extraños y el no saca a otras ovejas, solamente saca a las suyas, a las ovejas que el Padre le dio. Jn. 10:3-5 y 29).
   A esas ovejas que el Padre le dio, Jesús les da vida eterna, él murió por ellas para que por su muerte las ovejas tuvieran vida, porque: “el buen pastor su vida da por las ovejas”. A esas ovejas Jesús va a resucitar en el día postrero, a esas ovejas nadie las arrebatará de su mano, de esas ovejas no perderá ninguna, si perdiera una de ellas, no podría llamarse a si mismo el buen pastor y no podría decir que ha cumplido la voluntad del Padre. Jesús está comprometido con su palabra. Y solo cumpliéndola se cumplirá lo que Isaías y Pedro escriben de él: “Nunca hizo él maldad ni se halló engaño en su boca”.
   Las ovejas de Jesús no perecerán jamás porque él lo asegura.

  
Como podemos ver, los creyentes estamos seguros en las manos del Padre y de Jesús nuestro Señor. Si alguien o algo pudieran arrebatarnos de las manos de Dios y del Hijo, eso indicaría que hay alguien o algo más poderoso que ellos.
   Jesús dice: “mis ovejas…no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”
     Ya leímos en Juan 6: 40: “Y esta es la voluntad del que me ha enviado: que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna y yo le resucitaré en el día postrero.”
   Si tan sólo una de las ovejas que el Padre le dio al Hijo se perdiera, Jesús no habría cumplido la voluntad del Padre y eso sería una desobediencia y quebrantaría lo que él mismo dijo: “…yo hago siempre lo que le agrada.” (Jn.8:29); y no se cumpliría la palabra que dice que él es el salvador, pues habría perdido una oveja.
   Creer que se puede perder alguien que ha sido traído por el Padre al Hijo para ser salvo, nos coloca en el lado de los incrédulos. Creer que una de sus ovejas se puede perder es, dudar de la Palabra de Jesús.  
 La Biblia dice que si creemos en Jesús tenemos vida eterna. Vida eterna es vida para siempre, sin fin. Si por creer en Cristo tengo vida eterna hoy, y mañana o pasado mañana la pierdo, eso sólo indicaría una cosa: que hoy no tengo vida eterna, porque si fuera eterna, no la perdería.
   Dios es fiel a sus promesas. A quien le ha dado vida eterna, le ha dado vida eterna, y no puede perder esa vida eterna. Si Dios me diera vida eterna hoy, y mañana me la quitara iría en contra de lo que dice en su palabra: “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Ro. 11:29). Si Dios me diera vida eterna hoy y mañana me la quita, significaría que está revocando su don. Significaría que Dios se está arrepintiendo de darme vida eterna, y eso sería una contradicción a lo que dice su Palabra de que él no es hombre para que mienta ni hijo de hombre para que se arrepienta
   Si Dios quisiera condenarme, no habría razón para darme vida eterna hoy, y quitármela mañana, simplemente no me traería a Jesús.
   Y si acaso llegara a perecer alguno que dice que es oveja de Jesús, eso probaría que no es oveja de Jesús, pues de sus ovejas dice que “No perecerán jamás”. Las ovejas de Jesús no perecerán jamás. Habrá algunos que perecerán pero las ovejas de Jesús no perecerán  jamás. Si alguien de los que se dicen ser cristianos perece, eso significará que no es oveja de Jesús. La vida de las ovejas está doblemente segura pues se encuentra en las manos del Padre y del Hijo. Jesús dice, refiriéndose a sus ovejas: “Nadie  las arrebatará de mi mano”. Luego dice: “Nadie las arrebatará de la mano de mi Padre” Jesús dice del Padre lo siguiente: “Mi Padre que me las dio es mayor que todos”. Nadie tiene mayor poder que Dios.  Si estás en las manos de Dios, ¿Quién será el que te pueda arrebatar de esas manos?
   Alguien que cree que una persona salva puede perder su salvación me dijo un día: “Nadie te puede arrebatar de las manos de Dios, pero tú si puedes soltarte de sus manos y perderte”. Mi argumento en contra fue este: Si Jesús es el buen pastor ¿dejará que una de sus ovejas se vaya y se pierda sin hacer nada para rescatarla? Si Jesús dejara que una sola de sus ovejas se alejara de el y se perdiera sin hacer nada por traerla de nuevo al redil, significaría que él no es el buen pastor que dice ser, pues una de sus ovejas se habría perdido; significaría que no es capaz de cumplir la voluntad de su Padre. Jesús mismo dice: “Y esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo lo que me diere, no pierda de ello, sino que lo resucite en el día postrero.” (Jn. 6:39). Si alguien se aleja de Jesús y se pierde eso quiere decir que tal persona no fue traída por el Padre, por lo tanto no es oveja de Jesús; Jesús no la conoce, no  la llama por su nombre ni le da vida eterna, por lo tanto perecerá. Sólo las ovejas de Jesús no perecerán.

    Si una sola oveja de Jesús se pierde, el plan de redención no se habrá realizado ni se habrá realizado la voluntad del Padre puesto que el quiere que todos los que creen en Jesús sean resucitados en el día postrero.
¿Puedes creer esto? “Si puedes creer, al que cree todo es posible” (Mr. 9:23). La salvación es un don, se recibe por fe. Si crees que eres salvo, entonces eres salvo. Si crees que puedes perder tu salvación, estás dudando del poder y de la obra de Jesucristo. Estás dudando de lo que dice la Escritura: “por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por el se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25). Nuestra salvación por Cristo es perpetua, pues el vive siempre intercediendo por nosotros. Cristo ya no muere; su intercesión por ti y por mi es para siempre. No olvidemos tampoco que con su sacrificio pagó totalmente el costo de nuestra salvación. La deuda contraída por nosotros ante Dios, quedó totalmente saldada con la sangre de nuestro Salvador Jesucristo.

PREDESTINADOS PARA SER ADOPTADOS COMO HIJOS DESDE ANTES DE LA FUNDACIÓN DEL MUNDO.

“Y pondrá las ovejas a su derecha y los cabritos a su izquierda.  Entonces el rey dirá a los de su derecha: Venid benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mt. 25:33-34).
   Hay un reino preparado para las ovejas de Jesús desde la fundación del mundo. Desde la fundación del mundo Dios tuvo en mente un reino, y él ya conocía las ovejas que iban a estar en ese reino. Ya conocía a las ovejas porque él las predestinó para entrar a ese reino.
   El reino de los cielos es para quien a Dios le place darlo: “No temáis manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino” (Lc.12:32).
  
Según lo que dice San Pablo, Dios hace una selección previa de quienes serán herederos del reino. Dios elige a quienes van entrar a ese reino:
   “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia con la cual nos hizo aceptos en el amado…(Ef. 1:3-6).
      En estos cuatro versículos el apóstol Pablo enumera varias bendiciones de parte de Dios que el creyente ha recibido en Cristo.
1. Nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo.

Los creyentes tenemos nuestra vivienda en los cielos, según lo que Pablo dice a los filipenses: “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al salvador, al Señor Jesucristo” (Fil. 3:20). Ya tenemos nuestra vivienda asignada, tomaremos posesión de ella a su debido tiempo.

2. (El Padre) nos escogió en él (en Cristo) antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.
   En el pensamiento de Pablo, los creyentes fuimos escogidos por Dios en Cristo antes de la fundación del mundo para vivir en santidad y sin mancha delante de él.

3. Nos predestinó para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.
   Todos los creyentes en Cristo somos adoptados como hijos de Dios por nuestro Señor Jesucristo. Pablo les dice a los Gálatas: “pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26).
San Juan lo dice de esta manera: “Mas a todos los que lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Juan 1:12). “Todo aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios; “(I Jn. 5:1ª)
   Somos hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. Creemos en Cristo Jesús porque fuimos traídos a él por el Padre. Fuimos traídos por el Padre porque ya estábamos predestinados para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo. Todo esto lo hizo Dios según el puro afecto de su voluntad, es decir, la decisión de traernos a él por medio de Jesucristo fue totalmente suya. No había en nosotros nada que moviera a Dios a fin de que nos adoptara como hijos, ningún mérito de nuestra parte. Nos eligió para ser salvos por su pura gracia, por su pura misericordia: nos salvó no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la promesa de la vida eterna.”(Tito 3:5-7).

4. Nos hizo aceptos en el amado.
No había mérito alguno en ninguno de nosotros para ser adoptados como hijos de Dios. Dios nos aceptó como hijos porque creímos en su amado Hijo Jesús; y creímos en su Hijo porque él nos dio la habilidad para creer y creímos porque ya nos había predestinado para ello, según podemos leer en el libro de Hechos: “Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna” (Hechos 13:48). “creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”. “creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”. “creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna”. Nadie más, sólo creyeron los que estaban ordenados para vida eterna.

EN EL PLAN DIVINO DESDE LA ETERNIDAD
Hay un texto en la carta a los Romanos que dice: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó a estos también glorificó (Romanos 8:29-30).
   (Predestinar: proorizo, del griego pro que significa por anticipado y orizo que significa determinar, es decir: determinar por anticipado; también: ordenar por adelantado).
   En el texto anterior vemos que los salvos están incluidos en el plan de redención desde la eternidad (Fueron ordenados por adelantado). Los cuales ante los ojos de Dios aparecen ya como glorificados  en su estado final dentro del plan de redención. Para Dios la película de la redención ya está concluida.  En su omnisciencia él ya conoce el final. Nosotros apenas vamos desarrollando la trama, Dios ya sabe quienes son los salvos y quienes son los perdidos. El ya sabe quienes estarán eternamente con él y quienes estarán eternamente en el infierno. Estarán con él los predestinados que fueron llamados, justificados y glorificados, aquellos a quienes Jesús llama “mis ovejas”, de quienes dice que “no perecerán jamás”, las cuales nadie arrebatará de sus manos.
   Esta idea está desarrollada en varias partes de los escritos de Pablo, por ejemplo: en Efesios 1:4, Pablo dice que los creyentes fuimos escogidos en Cristo desde antes de la fundación del mundo.
A Timoteo le dice que Dios: “quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos (2 Ti. 1:9).
   A los Romanos les dice: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Ro.3:24).
   Refiriéndose a la glorificación San Pablo dice: “Bendito sea el Dios y padre de nuestro señor Jesucristo que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”(Efesios 1:3). “…nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con el nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Ef. 2:5-6).
   En el pensamiento de San Pablo el creyente en Cristo ya se encuentra glorificado , aunque aun desarrolla su vida sobre esta tierra, ya el reino de los cielos le pertenece, aunque aun no disfruta de ella ya es dueño de su herencia celestial. Aun sufre penalidades y carencias y tentaciones y luchas y fracasos pero ya es un ciudadano del reino de los cielos, virtualmente ya se encuentra en él. Por eso cantamos

Aunque en esta vida
No   tenga riquezas.
Se que allá en la gloria
Tengo mi mansión.

¿Por qué estamos tan seguros? Porque lo asegura Cristo: “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez y os tomaré a mi mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis” (Juan 14:3).
   Jesús no miente y él promete regresar por los suyos para que estén donde él está, incluso esa fue la petición que le hizo al Padre el día que fue arrestado: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo” (Juan 17:24). En Juan 17 Jesús ruega por sus apóstoles pero también por aquellos que han de creer en él por la palabra de ellos. En aquella memorable oración Jesús también rogó por nosotros que hemos creído en él en estos últimos tiempos (Juan 17:20).
   El plan de la redención sigue este orden: Predestinación, llamamiento, justificación y glorificación. Si somos predestinados, entonces somos llamados, luego somos justificados y, al final, glorificados, y todo por la pura gracia de Dios.

CIUDADANOS DEL CIELO VIVIENDO EN LA TIERRA
Hemos sido predestinados, llamados, justificados  y glorificados pero aun nos encontramos en la tierra.
“Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque nos son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal. No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Jn. 17:14-16).

Estamos en este mundo pero no pertenecemos a este mundo.  Hay un lugar preparado en el cielo  para el rebaño de Jesús, al cual a su debido tiempo arribaremos.
   En tiempos bíblicos algunos meses después de concertado el matrimonio, el novio venía con sus familiares a la casa de la novia y en medio de  cantos y regocijo de los familiares y amigos regresaba a su casa, ya llevando a su novia, en donde se celebraría la fiesta de bodas. Sucederá lo mismo cuando Cristo regrese por su iglesia. Cuando vino hace dos mil años pagó el precio para rescatar a sus ovejas perdidas, las cuales constituyen su iglesia llamada en sentido metafórico la novia del cordero.
Después de que Cristo venga por su iglesia las puertas se cerrarán ya nadie podrá entrar. La novia estará ya con el novio. Se habrá acabado la era de la gracia. El juicio final vendrá para toda la humanidad pero la iglesia ya estará disfrutando de la presencia de su señor…
Pero mientras suceden esos eventos  la iglesia debe vivir pendiente de la venida de su Señor, con la fe puesta en el salvador y viviendo santamente. Haciendo lo que le agrada a Nuestro Dios. Dios ha preparado todo para qué sus ovejas entren a la patria celestial, a pesar de los contratiempos  Mientras peregrinamos en este mundo, contamos con la intercesión de Cristo en el cielo y la intercesión del Espíritu Santo desde la tierra.
Cuando Cristo ascendió al cielo dejó una promesa a sus discípulos:
“y yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros” (Juan 14:16-17).
   Los cristianos no estamos solos ni desamparados en ningún momento. La promesa es que el Espíritu Santo estará con los creyentes para siempre, guiándonos, consolándonos, acompañándonos en nuestro peregrinar diario,  y no sólo como un acompañante externo, sino interno, pues: “estará en vosotros”.
   Parakletos, traducido como consolador, “sig. Literalmente: llamado al lado de uno, en ayuda de uno. Alguien que denota un asistente legal, un defensor, un abogado; el que aboga por la causa de otro, un intercesor y en su sentido más amplio, sig. Uno que socorre, que consuela”.
El Espíritu Santo está en la iglesia pero también está en cada creyente, dentro de él. Es otro consolador de la misma clase de Jesús que junto con éste trabajan para el beneficio de los creyentes. San Pablo menciona a ambos como intercesores. Del Espíritu Santo, dice: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues que hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26). De Cristo, el apóstol, afirma: “…puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” (He. 7:25).
San Juan dice que si algún creyente peca, tenemos un abogado (1 Juan 2:1)
   San Pablo fundamenta la seguridad de la salvación eterna del creyente precisamente en la labor intercesora de Cristo, mencionando como hechos fundamentales para la seguridad de nuestra salvación, la muerte y resurrección de nuestro Salvador.  “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros(Ro.8:33-34).
   Según estos versículos nuestra salvación está asegurada para siempre, pues no hay acusación válida en contra de los escogidos de Dios, y no la hay porque Dios ya nos justificó y por lo tanto, tenemos paz: “Justificados pues por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Ro.5:1). Somos justificados porque Cristo murió y resucitó. Tampoco hay condenación pues Cristo murió para limpiarnos de todos nuestros pecados, y para los que están en Cristo ya no hay condenación: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los cuales no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Ro. 8:1).
Aquí nuevamente repito: Las ovejas de Jesús están seguras en sus manos.
Las ovejas de Jesús fueron elegidas para salvación desde la fundación del mundo. Los elegidos no se pueden perder porque Cristo es el mediador y murió para que los elegidos reciban la promesa de la herencia eterna. Así lo dice San Pablo en Hebreos 9:15. “Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la vida eterna”. Los llamados son herederos de la vida eterna porque Cristo ya pagó por sus transgresiones, y los libró de la muerte; por eso Pablo puede decir: “Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Co. 15:55-57).
(El pecado se fortalece en la ley; el pecado produce muerte. Si hay ley, hay pecado; si hay pecado hay muerte. Si ya no hay ley, ya no hay pecado; si no hay pecado ya no hay muerte. Con su muerte, Cristo abolió la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas (Efesios 2:15). Anuló el acta que nos era contraria. “Anulando el acta de los decretos que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz” (Col.2:14). Cristo abrogó la ley que nos condenaba: “Queda pues abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (Hebreos 7:18-19ª). Al ser abrogada la ley, el pecado ya no tiene poder; si el pecado ya no tiene poder, la muerte ya no tiene aguijón, y el sepulcro ya no tiene victoria. Cristo como cabeza de la iglesia derrotó a la muerte, derrotó al sepulcro. De la misma manera que Cristo resucitó y se levantó del sepulcro, sus seguidores, sus ovejas, a los cual el predestinó, llamó, justificó y glorifico, también resucitarán y se levantarán del sepulcro cuando Cristo venga por segunda vez. Las gracias sean dadas a Dios, pues es él quien nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo). Leer Ro. 8:2; Gá. 3:13; Ro. 8:37-39). La victoria del creyente depende de la obra de Cristo: de su sacrificio por el pecado, de su resurrección para nuestra justificación (Ro.4:25) y de su intercesión eterna a favor de sus ovejas. (Ro. 8:34 y He.7:25).


¿SI YA NO PIERDO MI SALVACIÓN ENTONCES PUEDO VIVIR COMO QUIERA?
   
   Alguien, me dice: “Si soy salvo, puedo seguir pecando al fin que ya no puedo perder mi salvación; además como Cristo es mi abogado, peco, le confieso mi pecado y sigo pecando”.  Otro más explícito me dice: “puedo adulterar, robar, matar, fornicar, al fin que ya no puedo perder mi salvación”.
   Cuando oigo estos argumentos les digo: Si tú te dices salvo y consideras que como no puedes perder tu salvación puedes seguir pecando, pueden estar pasando estas tres cosas 1. No eres salvo. 2. no conoces la Escritura. 3. eres un rebelde.
   Y les paso a explicar lo siguiente.
   Una persona que no es salva, comete toda clase de pecados sin ningún remordimiento. No existe en su mente conciencia de pecado. Esta muerto en delitos y pecados. Actúa motivado por sus apetitos naturales. Actúa obedeciendo a su naturaleza carnal. No teme a Dios ni teme a hombre, es insensible a los llamados de su conciencia y se hunde más y más en el pecado: “Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición” (2 Pe. 2:14).
   San Pablo dice que tales personas están cegadas: “Pero si nuestro evangelio está aun encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el Dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Co.4:3-4).
   San Pedro dice que para los creyentes, Jesucristo es una piedra escogida, preciosa, pero para los que no creen:
“Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados” (1 Pedro 2:7-8). (En este versículo encontramos que los que no creen en Cristo fueron destinados para ello, para no creer, mientras que los creyentes fuimos destinados para creer)

Los creyentes que no conocen la Escritura no saben que el Señor dice: “Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo” (2 Ti. 2:19).
   Dos cosas importantes nos dice este texto. 1. El Señor conoce a los que son suyos. Nadie puede engañar al Señor, el sabe perfectamente quienes son sus ovejas. Tan bien las conoce que las llama por su nombre y las ha sellado con su Espíritu. Si, sus ovejas están selladas con el Espíritu Santo. “Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús”. (Gá. 3:26) Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo, y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.(Ga.4:4 y 7).)
  
Dios realmente sabe quienes son suyos. El no ignora quienes son las ovejas y quienes son los cabritos, él nos tiene bien ubicados a todos. Dios es Omnisciente.
2. Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. Un verdadero seguidor de Cristo sabe que el pecado fue la causa por la que El Señor Jesús fue crucificado y sabe que ya no debe seguir pecando. Lo sabe porque conoce la Escritura. Lo sabe porque el Espíritu Santo que mora en él le revela que no debe seguir pecando. Si un verdadero cristiano se descuida y cae en pecado, no se queda allí, retorna inmediatamente a su Señor, confiesa su pecado y vive con más cuidado para no caer. Y si acaso persiste en pecar desobedeciendo la Palabra de Dios y no escuchando al Espíritu Santo, Dios empieza aplicar la debida disciplina: “Porque el Señor al que ama, disciplina y azota a todo el que recibe por hijo” (He. 12:6).
 
 Está más que claro, El Señor no disciplina ni azota a los cabritos, él disciplina y azota a sus hijos. Dos son las razones por lo que lo hace: para que participemos de su santidad (He. 12:10) y para que no seamos condenados con el mundo (1 Co. 11:32). Estamos en el mundo pero no somos del mundo. Los hijos de Dios, si pecan, son castigados por el Señor y quizá perezcan físicamente en el mundo, pero jamás serán condenados con el mundo.
 
 Como podemos ver, un verdadero hijo de Dios no podrá vivir como quiera, ni el Señor lo va a dejar que viva como quiera. Si un verdadero hijo de Dios vive en el pecado, El Señor lo va a disciplinar hasta que entienda que fue predestinado para ser conformado a la imagen de su Hijo y para que participemos de su santidad. Un verdadero hijo de Dios no se sentirá a gusto viviendo en pecado continuo; por debilidad podría caer en pecado pero no permanece en el. “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado,  porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Jn.3:9).
  
La vida en pecado continuo de alguien que se dice ser hijo de Dios, indicaría que no es hijo de Dios, Juan lo dice así: “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo” (1 Jn. 3:8).  El pecado es la característica principal de los hijos del diablo. La característica principal de los hijos de Dios, es la santidad, pues Cristo ha deshecho el poder del pecado en la vida del creyente. No hay excusa para que un hijo de Dios viva continuamente en el pecado. Si alguien vive continuamente pecando, no es hijo de Dios.

DIOS PRESERVA LA SALVACIÓN DEL CREYENTE.

La salvación de los creyentes es una obra totalmente divina de principio a fin. Dios es quien tiene el control de nuestra vida aun antes de que creamos en su Hijo Jesucristo. Dios sabe que ningún ser humano es capaz de realizar una obra lo suficientemente buena como para merecer la salvación.  Cristo se encarnó Para morir en lugar del creyente y así salvarlo. Una vez salvo por la fe en Cristo, Dios se encarga de preservar la salvación del creyente. Se encarga también de obrar toda obra buena a través de los creyentes. Toda obra buena que hace un creyente es en realidad, obra de Dios. Aun los creyentes no tienen la capacidad de hacer obras buenas que agraden cien por ciento a Dios. Isaías. Escribió: “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia;” (Isa.64:6). La obra del hombre siempre será deficiente. Sólo la obra de Dios es perfecta; Y para quedar Dios satisfecho con nuestras obras, es él mismo quien hace las obras a través de nosotros, como el mismo hacía las obras a través de Cristo. “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mi? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mi, el hace las obras” (Jn. 14:10).
  (Algunos versículos más adelante confirman esto).
Es el quien preserva nuestra salvación (se citan versículos más adelante).                        

Dios es quien desde la eternidad decide proveer un medio para salvar al pecador. “Fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir…con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros,” (1 Pe. 1:20).
 Él es quien determina a quien traer a Cristo para que sea salvo. “Ninguno puede venir a mi, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero” (Jn. 6:44)”.

Es él quien obra en nosotros toda acción santa. “Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran Pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros, lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén” (He. 13:20-21).
 “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer; por su buena voluntad” (Fil. 2:13).
“Es el quien nos lleva paso a paso hasta alcanzar la meta. Dios desea mi salvación y el proporciona el medio para salvarme. Dios desea que yo conozca a Jesucristo y él me atrae a él. Dios desea que yo sea santo, y es él quien me santifica. El desea que yo llegue hasta el final de mi carrera, y el me lleva hasta el final de ella. El preserva mi salvación.  Veamos lo que sobre esto pensaba San Pablo: “…yo se a quien he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día (2 Ti. 1:12).

“Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén
  
“Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1 Tes. 5:23).

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mi, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mi nada podéis hacer” (Jn. 15:5).

CONCLUSIÓN.
La salvación no se obtiene por buenas obras. Es un regalo de Dios para aquellos a quienes determinó de antemano. Es el quien preserva nuestra salvación. El obra a través de nosotros toda obra buena. Para el ser humano la salvación es imposible, pero para Dios nada hay imposible. “Sólo Cristo Salva”, es el slogan que escuchamos entre el pueblo cristiano. La Biblia lo confirma al decir: “En ningún otro hay salvación”.
En el asunto de la salvación del creyente Dios es el campeón. Todo el mérito es de él. El éxito es de él. La salvación del creyente es una obra totalmente divina desde el principio hasta el fin.

   ¿Quién podrá detener a Dios si él determina hacer algo?

“Nuestro Dios está en los cielos: todo lo que quiso ha hecho” (Salmo 115:3).

Que anuncio lo porvenir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aun no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isa. 46:10).

Todos los habitantes de la tierra son considerados como nada; y él hace según su voluntad en el ejército del cielo, y en los habitantes de la tierra, y no hay quien detenga su mano, y le diga: ¿Qué haces? (Daniel 4:35).

Pero si él determina una cosa, ¿Quién lo hará cambiar? Su alma deseó e hizo. Él pues acabará lo que ha determinado de mi; y muchas cosas como estas hay en él” (Job.23:13-14).

“…Mi consejo permanecerá y haré todo lo que quiero; que llamo desde el oriente al ave, y de tierra lejana al varón de mi consejo. Yo hablé, y lo haré venir; lo he pensado, y también lo haré” (Isa. 46:10b-11).

   Si Dios ha determinado salvarte, él lo hará, se oponga quien se oponga.



Por supuesto que este tema no queda agotado con todo lo dicho aquí. Hay muchas otras cosas que decir al respecto; Si Dios lo permite meditaremos en ellas en otra ocasión.
 
  























                       










                       


                     






















                        




























sábado, 12 de febrero de 2011

LA SANGRE DEL NUEVO PACTO.

LA VOZ DE LA FE


Boletín Evangélico.





LA SANGRE DEL NUEVO PACTO.

Por H. C. Morán.







"Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión." (Hebreos 9:22).



Ya dijimos en nuestro tratado de "Los dos pactos", que el antiguo pacto fue instituido con sangre de animales. El nuevo pacto fue instituido también con sangre, con la sangre de Jesús el Hijo de Dios. Desde el momento en que Jesús fue tomado preso el día de su arresto y presentado ante los ancianos de Israel, empezó ser vejado y golpeado; su sangre empezó a ser derramada aun antes de ser crucificado. Sus manos y pies fueron clavados a la cruz, derramando su sangre hasta morir. Todo esto para que la humanidad pecadora tuviera un medio efectivo para salvarse. Fue necesario que alguien santo y sin pecado como nuestro Señor Jesucristo, fuera muerto por nuestros pecados:

"...llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados." I Pedro 2:24).



Las heridas de Jesús le fueron inflingidas, para que nosotros fuéramos sanados porque sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados.

"Por cuanto todos pecaron, están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre..," (Romanos 3:24-25).

Al que cree en Cristo, Dios le muestra su misericordia quitándole su culpa y remitiéndole sus pecados. En Cristo, Dice Pablo, "...tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, según las riquezas de su gracia...," (Efesios 1:7); misma expresión encontramos en Colosenses 1:14.



Tomemos nota de unas palabras halladas en estos dos versículos: Justificados, gratuitamente, gracia, redención, propiciación, fe, y perdón.



Para justificados, aparece en el texto citado, la palabra griega dikaiosis que denota el "acto de pronunciar justo, justificación, absolución. Se utiliza dos veces en la Epístola a los Romanos, significando el establecimiento de una persona como justa por absolución de culpa." (Dicc. Vine). Significando con esto que por la sangre de Cristo somos absueltos de nuestros pecados y establecidos como justos ante Dios, por Dios mismo.



La justificación es otorgada gratuitamente. Gratuitamente es la traducción de la palabra gr. dorea que sig. don, un presente. La justificación es un don, un presente, un regalo que Dios nos otorga a quienes creemos en Cristo.



Justificados gratuitamente por su gracia: Gracia, del griego caris, "por parte del otorgador, la disposición amistosa de la que procede un acto bondadoso, gracia, bondad, buena voluntad en general (p.ej.Hch. 7:10); especialmente con referencia al favor o a la gracia divina (p. ej. Hch.14:26). Con respecto a ello se destaca su libre disposición y universalidad, su carácter espontáneo, como en el caso de la gracia redentora de Dios, y el placer o gozo que él se propone para el que la recibe; así se pone en contraste con deuda (Ro. 4:4, 16), con obras (11:6), y con la ley (Juan 1:17); véase también Ro. 6:14, 15 y Gá. 5:4)." (Dicc. Vine).

Según la definición que da el diccionario Vine acerca de la palabra gracia, entendemos que la justificación gratuita que Dios nos da en Cristo, es la muestra de su disposición amistosa y su buena voluntad hacía el hombre pecador. Dios desea llenarnos de gozo con su gracia bienhechora, al darnos el regalo de la justificación. Qué regalo más grande para el hombre que ser absuelto gratuitamente de todos sus pecados y declarado justo, inocente por la fe en Cristo. Pablo escribió: "Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos. Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado." (Romanos 4:7-8). La justificación y por ende la salvación, se nos otorga gratuitamente, por la fe en Cristo; no queriendo decir con esto que la salvación no costó nada; el precio pagado por la salvación fue la sangre de Cristo, a nosotros, sin embargo, se nos ofrece gratuitamente con tan sólo creer en quien murió y resucitó para salvarnos.



"...mediante la redención que es en Cristo Jesús." Redención es la otra palabra que se destaca en los vers. citados. Apolutrosis, es la palabra griega traducida redención en Ro. 3:24; significa liberación a cambio de un rescate.



(Apolutrosis se utiliza de:

(a) de liberación de un tormento físico (He. 11:35);

(b) de la liberación del pueblo de Dios en la venida de Cristo con sus santos glorificados (Lc.21:28; 2 Ts. 2:8);

(c) perdón y justificación, redención como resultado de la expiación, liberación de la culpa de los pecados (Ro. 3:24 <>); Ef. 1:7, definida como <>, indicándose con ello tanto la liberación de la culpa y de la condenación contra el pecado como la entrada en una vida de libertad, <> (Ro. 6:4 RV); He. 9:15: <>, donde <> es equivalente a <>, usándose el caso genitivo del objeto del cual se consigue ser liberado, no de las consecuencias de las transgresiones, sino de las transgresiones mismas; (Dicc. Vine).

(Es decir, nuestro pecado es remitido, y somos declarados inocentes como si nunca hubiéramos pecado ¡Alabado sea el Señor!)

(d) la liberación del creyente de la presencia y poder del pecado, y de su cuerpo de la esclavitud de corrupción, a la venida (la parusia en su fase inicial) del Señor Jesús (Ro. 8:23: <>; 1 Co. 1:30: <>; Ef. 1:14: <>; 4:30: <>). (Todo lo anterior fue tomado del diccionario Vine).

Como podemos ver, por su sangre, Cristo nos libertó de la culpa del pecado, de la condenación por el pecado y del poder del pecado; por la fe en él ya no tenemos culpa, ya no iremos a la condenación eterna en el infierno, y podemos vencer el pecado; quien está en Cristo tiene poder sobre el pecado, ya no está indefenso ante el poder del pecado. Antes fuimos esclavos del pecado, pero Cristo nos libertó de él, y nos dio poder para vencerlo.



"Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tu fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra." Apocalipsis 5:9-10). Es el nuevo canto que entonan los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos delante del cordero.

También el apóstol Pedro, escribe: "sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra manera de vivir...con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación," (1 Pedro 1:18-19).



Propiciación: Jilasterion, es la palabra griega que en Romanos 3:24, se traduce como "propiciación" o "propiciatorio"; Esta palabra esta relacionada con jilascomai, "la cual se usaba entre los griegos con el significado de hacer propicios a los dioses, apaciguar, propiciar, en tanto que no se concebía que la actitud de ellos fuera de buena voluntad, sino algo que se tenía que ganar." (Dicc. Vine). El Nuevo Diccionario Bíblico dice que "Propiciación significa, estrictamente, la remoción de la ira por medio de una ofrenda."Los paganos creían que debían ofrecer sacrificios y ofrendas para ganarse el favor de sus dioses; en el caso de nosotros, no fue así; en nuestro caso, fue Dios mismo quien proveyó el sacrificio; Él mismo proveyó la ofrenda por nuestros pecados, de otra manera nosotros nunca habríamos podido reconciliarnos con Dios, pues ningún sacrificio ni ofrenda que nosotros hubiéramos podido dar habría sido suficiente como pago por nuestras transgresiones, sólo la sangre de Jesucristo, el Santo hijo de Dios, fue suficiente para apartar la ira de Dios de sobre el pecador, porque la Biblia dice que: "La ira de Jehová contra los que hacen mal, para cortar de la tierra la memoria de ellos." (Salmo 34:16). No fuimos nosotros quienes ofrecimos un sacrificio propiciatorio, fue el mismo Creador quien entregó a su Hijo Jesucristo como la ofrenda propiciatoria por el pecado. "El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,..." (Ro. 8:32a). El Padre entregó al Hijo a la muerte y el Hijo aceptó la voluntad del Padre: "...Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante." (Efesios 5:2). Aquí dice que Cristo nos amó; en Ro. 5:8, dice: "Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun pecadores, Cristo murió por nosotros." Por amor a nosotros, el Padre entregó a su Hijo amado a la muerte; por amor a nosotros, el Hijo entregó su vida. (Jamás se nos ocurra decir que no hay nadie que nos ame; Dios Padre y Dios Hijo, nos aman con un amor sin igual, sin pasar por alto el amor que el Espíritu Santo tiene por nosotros).



Perdón.- Perdón es la traducción de la palabra griega afesis, significa despido, liberación. Se utiliza de la remisión de pecados. Esta palabra está relacionada con afiemi que significa primariamente enviar afuera, despedir; denota además de sus otros significados remitir o perdonar ya sea deudas o pecados.

"Os escribo a vosotros, hijitos, porque vuestros pecados os han sido perdonados por su nombre." (1 Juan 2:12). En este versículo el verbo al igual que su nombre, "significa en primer lugar la remisión del castigo debido a una conducta pecaminosa, la liberación del pecador de la pena impuesta por Dios, y por lo tanto justa. En segundo lugar, involucra la eliminación total de la causa del delito. Tal remisión se basa en el sacrificio vicario, es decir sustitutorio (lo subrayado es mío), y propiciatorio de Cristo." (Dicc. Vine).



Fe.- La palabra griega es pistis y significa: "firme persuasión, convicción basada en lo oído. Se usa en el NT siempre de fe en Dios o en Cristo, o en cosas espirituales. Se usa de: confianza." (Dicc. Vine).



Por la fe nos apropiamos de todos los beneficios que nos proporciona Dios por medio de la muerte de su Hijo Jesucristo. Estamos firmemente convencidos de ello; hemos sido persuadidos por lo que dice sobre ello la Palabra de Dios. Creemos que somos perdonados de todos nuestros pecados, sean grandes o pequeños. Creemos que somos justificados gratuitamente por la fe en Cristo y no por hacer obras buenas. Creemos que Cristo se presentó como un sacrificio propiciatorio por nosotros. Creemos que Cristo murió en nuestro lugar como nuestro sustituto. Creemos que la gracia de Dios hacía nosotros se manifestó en ese acto maravilloso de enviar a su Santo Hijo en sustitución de nosotros, terribles pecadores. Creemos que por la fe en Cristo somos liberados de la condenación eterna, condenación bien merecida por causa de nuestros pecados. Creemos que por el sacrificio de Cristo tenemos garantizado el perdón de nuestros pecados presentes, pasados y futuros. "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad." (1 Juan 1:9). Si hemos pecado debemos confesar a Dios nuestros pecados y él nos perdona en base al sacrificio de nuestro Señor Jesucristo. "Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo." (1 Juan 2:1-2).

La fe es lo único que nos garantiza que obtendremos los beneficios prometidos; Pablo escribió que por fe andamos, no por vista..Y aun más, Pablo escribió: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan." (Hebreos 11:6). Aquí San Pablo afirma que sin fe es imposible agradar a Dios, o sea que, sólo es posible agradar a Dios si tenemos fe; por la fe, dice Pablo en el capítulo 11 de la carta a los Hebreos que algunos hombres tomaron decisiones importantes, y otros vieron hechos maravillosos, y otros más estuvieron dispuestos a morir por su fe. En su ministerio terrenal, Nuestro Señor Jesucristo, censuró a sus discípulos por su carencia de fe, y elogió a quienes demostraron fe.

Cuando el día de la tempestad, la barca en que viajaban era azotada por las olas, los discípulos despertaron al Señor Jesús, diciéndole: ¡Señor, sálvanos que perecemos! El Señor les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?

"¡Señor, sálvame! gritó Pedro, cuando empezó a hundirse después de haber caminado sobre el agua. Jesús lo tomó de la mano, y le dijo: "

¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? (Mateo 14:30-31).

A la mujer que tocó su manto y quedó sana, el Señor Jesús, le dijo: "Ten ánimo, hija; tu fe te ha salvado." (Mateo 9:23).

Al ver la fe del centurión que creyó que aun a distancia Jesús podía sanar a su criado solamente con su palabra, el Señor, dijo: "Os digo que ni aun en Israel he hallado tanta fe" (Lucas 7:9).

"conforme a vuestra fe sea hecho", dijo Jesús a los dos ciegos que creían que él los podía sanar de su ceguera. (Mateo 9:29). La fe es de vital importancia en nuestra relación con Dios y en la obtención de todos los beneficios que Dios no concede en Cristo.

San Pablo escribe en la carta a los Hebreos: "Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere no agradará a mi alma." (Hebreos 10:38).



Al ofrecerse como la ofrenda propiciatoria por el pecado del hombre, fue necesario que la preciosa sangre de nuestro Señor Jesucristo fuera derramada. En base a ese sacrificio, nosotros que creemos, somos perdonados, somos redimidos de la condenación eterna, la cual justamente merecíamos por causa de nuestro pecado; somos librados también del poder y la presencia del pecado. "Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia." (Romanos 6:17-18). Fuimos esclavos del pecado, pero ahora somos libres por la sangre de Cristo. San Pablo dice: "Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud." (Gálatas 5:1). Por supuesto que aquí se refiere a no volver a esclavizarnos bajo la ley de Moisés, pero podemos aplicarlo a no caer otra vez en la esclavitud del pecado.



Además de justificación, redención y perdón, por su sangre derramada, Cristo nos proporciona también:

Limpieza de nuestra conciencia "Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a si mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? (Hebreos 9:13-14).



Santificación es otro de los beneficios que obtenemos de la cruenta obra de Cristo: "Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta." (Hebreos 13:12).

"Gracia y paz a vosotros, del que es y que era y que ha de venir, y de los siete espíritus que están delante de su trono; y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén." (Ap. 1:4-6).



La sangre de Jesús también nos asegura la victoria sobre el enemigo: "Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo; porque ha sido lanzado fuera el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba delante de nuestro Dios día y noche. Y ellos le han vencido por medio de la sangre del cordero y de la palabra del testimonio de ellos, y menospreciaron sus vidas hasta la muerte." (Ap. 12:10-11).



La sangre de Jesucristo nos abre un camino hasta la presencia de Dios: "Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura." (Hebreos 10:19-22).



La sangre de Jesús, derribó las barreras que existían entre judíos y gentiles:

"11Por tanto acordaos de que en otro tiempo vosotros, los gentiles en cuanto a la carne, erais llamados incircuncisión por la llamada circuncisión hecha con mano en la carne.

12En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

13Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

14Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación,

15aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en si mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz,

16y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades.

17Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca;

18porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

19Asi que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios,

20edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo,

21en quien todo el edificio bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en Espíritu." Efesios 2:11-21).



Jesús dijo: "También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño y un pastor." (Juan 10:16). Con toda seguridad podemos decir que Jesús se está refiriendo a judíos y gentiles como las ovejas de dos diferentes rediles, los cuales por su sacrificio habrían de ser agrupados en un solo cuerpo, formando ambos pueblos el edificio espiritual, del cual Cristo es la piedra angular. La única forma para hacer de los dos pueblos uno solo, era "derribando la pared intermedia de separación." (Efesios 2:14). La cual pared, según lo que dice Pablo, era "la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas,..." es decir, la ley de Moisés, la cual separaba a judíos y gentiles. Dicha causa de separación quedó derribada cuando Cristo derramó su sangre en la cruz. La misma idea es presentada por Pablo a los colosenses en las siguientes palabras:

"Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos, que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz." (Colosenses 2:13-14). El acta de decretos (la ley de Moisés) que había contra nosotros fue clavada en la cruz. Al ya no haber ley, ya no hay transgresión, y al no haber transgresión, ya no hay condenación. Al ser clavada la ley en la cruz, ya no está vigente; al ya no estar vigente, el querer justificarse por ella ya es en vano; La única manera que nos queda para justificarnos, es la fe en Cristo. La fe en Cristo es la única manera que queda para que, judíos y gentiles, sean justificados, por lo tanto, salvos. "Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley...Porque Dios es uno, y él justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión." (Romanos 3:28 y 30).

¡Gran sabiduría de Dios! En la cruz de Cristo anuló el obstáculo que impedía que judíos y gentiles llegaran a ser un solo pueblo. Al ya no estar bajo la economía de la ley de Moisés, judíos y gentiles por la fe en Cristo formamos la familia de Dios, el cuerpo de Cristo, el edificio de Dios, la casa de Dios, el templo de Dios, labranza de Dios. Con su muerte Cristo hizo la paz. Bien merecido tiene Cristo el titulo de "Príncipe de paz". A los colosenses, Pablo les dice: "Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz." (Colosenses 1:19-20).

No podemos dejar de mencionar las palabras que nuestro Señor Jesucristo dijo, de si mismo: "Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, en mi permanece, y yo en él. Como me envió en Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, el también vivirá por mi. Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente." (Juan 6:53-58). Por supuesto que Jesús no está hablando de comer literalmente su carne y beber su sangre, sino de creer en él como lo dice en un versículo anterior del mismo capítulo: "Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida; y yo le resucitaré en el día postrero." (Juan 6:40). Por lo tanto: comer la carne de Jesús y beber su sangre, significa, creer en él. Los que creemos en él, tenemos vida eterna.























Todos los textos son tomados RV60.

DOS PACTOS

DOS PACTOS.




"PORQUE ESTO ES MI SANGRE DEL NUEVO PACTO, QUE POR MUCHOS ES DERRAMADA PARA REMISION DE LOS PECADOS" (Mateo 26:28).



La noche que Jesús fue entregado, mencionó que su sangre sería derramada para remisión de los pecados; mencionó además "el nuevo pacto", el cual ya había sido mencionado por Jeremías: "HE AQUI VIENEN DIAS, DICE JEHOVÁ, EN LOS CUALES HARÉ "NUEVO PACTO" CON LA CASA DE JUDÁ." (Jeremías 31:31). San Pablo escribe sobre este pacto, mencionando juntamente a Israel y Judá: "PORQUE REPRENDIÉNDOLOS DICE: "HE AQUI VIENEN DIAS, DICE EL SEÑOR, EN QUE ESTABLECERÉ CON LA CASA DE ISRAEL Y LA CASA DE JUDA UN NUEVO PACTO"(Hebreos 8:8).



Diciendo "nuevo pacto" da a entender que existe un pacto anterior. "AL DECIR: NUEVO PACTO, HA DADO POR VIEJO AL PRIMERO; Y LO QUE SE DA POR VIEJO Y SE ENVEJECE, ESTÁ PRÓXIMO A DESAPARECER." (Hebreos 8:13). El nuevo pacto sustituye al anterior.



Pablo a los Hebreos les dice que se procuró lugar para el segundo pacto porque el primero no era sin defecto. "PERO AHORA TANTO MEJOR MINISTERIO ES EL SUYO, CUANTO ES MEDIADOR DE UN MEJOR PACTO, ESTABLECIDO SOBRE MEJORES PROMESAS.

PORQUE SI AQUEL PRIMERO HUBIERA SIDO SIN DEFECTO, CIERTAMENTE NO SE HUBIERA PROCURADO LUGAR PARA EL SEGUNDO." (Hebreos 8:6-7). Aquí se menciona a Jesús como el mediador de un mejor pacto. Se menciona al nuevo pacto como el mejor, establecido sobre mejores promesas. Se dice: "POR TANTO, JESÚS ES HECHO FIADOR DE UN MEJOR PACTO." Hebreos 7:22). Otra vez aquí se menciona al nuevo pacto como el mejor.



"AHORA BIEN, AUN EL PRIMER PACTO TENÍA ORDENANZAS DE CULTO Y UN SANTUARIO TERRENAL" (Hebreos 9:1). Había un santuario terrenal, el cual menciona la Biblia como el tabernáculo, el cual fue erigido por Moisés en el desierto, el cual estaba dividido en el lugar Santísimo y el lugar Santo, los cuales tenían sus correspondientes muebles. En el Lugar Santo, entraban los sacerdotes para cumplir los oficios del culto, mientra que en el Lugar Santísimo solo el Sumo sacerdote entraba una vez al año para ofrecer sangre por los pecados del pueblo (Hebreos 9:6-7).



El antiguo pacto tenía un santuario terrenal, una ley, ordenanzas de culto y también sacerdotes para cumplir con las ordenanzas de culto. Los sacerdotes eran los descendientes de Levi, los cuales se encargaban de presentar ofrendas y sacrificios que no podían quitar los pecados. Tales ordenanzas dice San Pablo que estaban impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas (por lo que se ve, a Dios le gustan las reformas Hebreos 9:10).



¿QUIEN SE ENCARGÓ DE REFORMAR LAS COSAS? Dios se encargó de reformar las cosas

"PORQUE LA LEY CONSTITUYE SUMOS SACERDOTES A DÉBILES HOMBRES; PERO LA PALABRA DEL JURAMENTO, POSTERIOR A LA LEY, AL HIJO, HECHO PERFECTO PARA SIEMPRE." (Hebreos 7:28). La ley de Moisés establecía que podían ocupar el sacerdocio los descendientes de Levi y el sumo sacerdote debía ser un descendiente de Aaron. Después de la ley Dios el Padre juró que se levantaría un sumo sacerdote según el orden de Melquisedec, el cual sería sacerdote para siempre, se refiere al Hijo de Dios, el cual no tiene principio de días ni fin de vida.

Con juramento Dios constituyó como sumo sacerdote a su Hijo Jesucristo, en sustitución de los que ejercían un sacerdocio temporal, limitado a la brevedad de su vida terrenal.



Los sacerdotes entraban al santuario terrenal a ofrecer sacrificios y a presentar ofrendas; de igual manera fue necesario que Jesucristo entrara al santuario celestial a presentar ofrendas y sacrificios: "PERO ESTANDO YA PRESENTE CRISTO, SUMO SACERDOTE DE LOS BIENES VENIDEROS, POR EL MAS AMPLIO Y MAS PERFECTO TABERNACULO, NO HECHO DE MANOS, ES DECIR, NO DE ESTA CREACIÓN, Y NO POR SANGRE DE MACHOS CABRIOS NI DE BECERROS, SINO POR SU PROPIA SANGRE, ENTRÓ UNA VEZ PARA SIEMPRE EN EL LUGAR SANTISIMO, HABIENDO OBTENIDO ETERNA REDENCIÓN." (Hebreos 9:11-12).

Los sacerdotes del antiguo pacto entraban al santuario terrenal a ofrecer sangre de animales. Cristo, el sumo sacerdote del nuevo pacto, entró al santuario celestial llevando su propia sangre: "DICIENDO PRIMERO: SACRIFICIO Y OFRENDA Y HOLOCAUSTOS Y EXPIACIONES POR EL PECADO NO QUISISTE, NI TE AGRADARON (LAS CUALES COSAS SE OFRECEN SEGÚN LA LEY). Y DICIENDO LUEGO: HE AQUI QUE VENGO OH DIOS, PARA HACER TU VOLUNTAD; QUITA LO PRIMERO PARA ESTABLECER ESTO ÚLTIMO.. EN ESA VOLUNTAD SOMOS SANTIFICADOS MEDIANTE LA OFRENDA DEL CUERPO DE JESUCRISTO HECHA UNA VEZ PARA SIEMPRE." (Hebreos 10:8-10).



Jesucristo es el Sumo sacerdote constituido con juramento el cual entró por su propia sangre al lugar Santísimo y con un sólo sacrificio, el suyo propio, obtuvo eterna redención para nosotros.

Al tener ya un Sumo Sacerdote para siempre, que ofreció un solo sacrificio de una vez y para siempre, ya no es necesario que cada año un sacerdote terrenal siga ofreciendo sacrificios de animales por los pecados del pueblo, por consiguiente ya no es necesario el sacerdocio anterior. El sacerdocio de Cristo deroga al sacerdocio anterior; deroga el pacto anterior y deroga a la ley, pues la ley existía por razón del sacerdocio levítico, al no existir ya sacerdocio levítico, la ley queda derogada: "PORQUE CAMBIADO EL SACERDOCIO, NECESARIO ES QUE HAYA TAMBIÉN CAMBIO DE LEY." (Hebreos 7:12).

"QUEDA, PUES, ABROGADO EL MANDAMIENTO ANTERIOR A CAUSA DE SU DEBILIDAD E INEFICACIA (PUES NADA PERFECCIONÓ LA LEY), Y DE LA INTRODUCCIÓN DE UNA MEJOR ESPERANZA, POR LA CUAL NOS ACERCAMOS A DIOS."(Hebreos 7:18-19). ¡Más claro ni el agua! Este texto nos dice que el mandamiento anterior (la ley), queda abrogada por su debilidad e ineficacia y por que ya hay una mejor esperanza por la cual nos acercamos a Dios. Nuestra mejor esperanza es Cristo. Leamos lo que dice Pablo a los Hebreos: "ASI QUE, HERMANOS, TENIENDO LIBERTAD PARA ENTRAR EN EL LUGAR SANTÍSIMO POR LA SANGRE DE JESUCRISTO, POR EL CAMINO NUEVO Y VIVO QUE EL NOS ABRIÓ A TRAVES DEL VELO, ESTO ES, DE SU CARNE, Y TENIENDO UN GRAN SACERDOTE SOBRE LA CASA DE DIOS, ACERQUEMONOS CON CORAZÓN SINCERO, EN PLENA CERTIDUMBRE DE FE, PURIFICADOS LOS CORAZONES DE MALA CONCIENCIA, LAVADOS LOS CUERPOS CON AGUA PURA." (Hebreos 10:19-22).

Por medio de su sacrificio y el derramamiento de su sangre Cristo nos abrió un camino nuevo y vivo y ahora tenemos libertad para entrar al lugar Santísimo. ¡Aleluya! Esta es nuestra mejor esperanza. Tenemos un mejor sacerdote que nos abrió el paso hasta la presencia de Dios, algo que la ley nunca pudo ni puede ni podrá hacer.

"ENTONCES, ¿PARA QUE SIRVE LA LEY? FUE AÑADIDA A CAUSA DE LAS TRANSGRESIONES, HASTA QUE VINIESE LA SIMIENTE A QUIEN FUE HECHA LA PROMESA; Y FUE ORDENADA POR MEDIO DE ANGELES EN MANO DE UN MEDIADOR." (Gálatas 319). ¿PARA QUE SIRVE LA LEY? FUE AÑADIDA A CAUSA DE LAS TRANSGRESIONES HASTA QUE VINIESE LA SIMIENTE A QUIEN FUE HECHA LA PROMESA.

"...YA QUE POR LAS OBRAS DE LA LEY NINGÚN SER HUMANO SERÁ JUSTIFICADO DELANTE DE ÉL; PORQUE POR MEDIO DE LAS LEY ES EL CONOCIMIENTO DEL PECADO."(Romanos 3:20). POR MEDIO DE LA LEY ES EL CONOCIMIENTO DEL PECADO.

"¿QUE DIREMOS, PUES? ¿LA LEY ES PECADO? EN NINGUNA MANERA. PERO YO NO CONOCI EL PECADO SINO POR LA LEY; PORQUE TAMPOCO CONOCIERA LA CODICIA, SI LA LEY NO DIJERA: NO CODICIARÁS." (Romanos 7:7). YO NO CONOCÍ EL PECADO SINO POR LA LEY.



"MAS LA ESCRITURA LO ENCERRÓ TODO BAJO PECADO, PARA QUE LA PROMESA QUE ES POR LA FE EN JESUCRISTO FUESE DADA A LOS CREYENTES.

PERO ANTES QUE VINIESE LA FE, ESTABAMOS CONFINADOS BAJO LA LEY, ENCERRADOS PARA AQUELLA QUE IBA A SER REVELADA." (Gálatas 3:22-23).



"DE MANERA QUE LA LEY HA SIDO NUESTRO AYO, PARA LLEVARNOS A CRISTO, A FIN DE QUE FUESEMOS JUSTIFICADOS POR LA FE." (Gálatas 3:24). LA LEY HA SIDO MUESTRO AYO PARA LLEVARNOS A CRISTO, A FIN DE QUE FUÉSEMOS JUSTIFICADOS POR LA FE.



"PERO VENIDA LA FE, YA NO ESTAMOS BAJO AYO," (Gálatas 3:25).



"PORQUE EL FIN DE LA LEY ES CRISTO, PARA JUSTICIA A TODO AQUEL QUE CREE." (Romanos 10:4).



¿A qué conclusión nos llevan estos versículos? Lo que los versículos anteriores nos dicen es mas o menos lo siguiente: Dios le hizo una promesa a Abraham,la cual dice que en su simiente serán benditas todas las familias de la tierra. Pero antes de que llegara la simiente a quien se le hizo la promesa se añadió la ley a causa de las transgresiones. Por medio de la ley es el conocimiento del pecado; sabemos que algo es pecado porque lo dice la ley; el apóstol Pablo dice: "...TAMPOCO CONOCIERA LA CODICIA, SI LA LEY NO DIJERA: NO CODICIARÁS." (Romanos 7:7). La ley lo encierra todo bajo pecado y en ella estamos encerrados hasta que llega la fe, pero venida la fe ya no estamos encerrados bajo la ley pues el propósito de la ley como nuestro ayo, es llevarnos a Cristo, por eso el apóstol Pablo dice que EL FIN DE LA LEY ES CRISTO. Cuando estamos en Cristo, la ley terminó su gestión. La labor de la ley es llevarnos a Cristo a fin de que seamos justificados por la fe. Cuando estamos en Cristo el mediador del Nuevo Pacto, somos liberados de la ley, porque Cristo murió para librarnos de la maldición de la ley.

Mientras no estamos en Cristo la ley se encarga de acusarnos y condenarnos pero no puede ayudarnos a dejar de pecar.

La ley nos dice lo que hacemos mal, nos acusa, nos condena, pero no nos ayuda a hacer lo bueno. La ley nos declara convictos y nos condena de tal manera que al no ver otra salida vamos hacia Jesucristo buscando la justificación que por la fe en él recibimos gratuitamente. ¡Aleluya!



"¿ LUEGO LA LEY ES CONTRARIA A LAS PROMESAS DE DIOS? EN NINGUNA MANERA; PORQUE SI LA LEY DADA PUDIERA VIVIFICAR, LA JUSTICIA FUERA VERDADERAMENTE POR LA LEY." (Gálatas 3:21).

La ley no puede dar vida (no olvidemos que al referirnos a la ley, estamos refiriéndonos al igual que el apóstol Pablo, a la ley de Moisés), pues si pudiera vivificar. el hombre sería justo por ella, antes por el contrario, el apóstol Pablo dice que la ley mata. "Y HALLÉ QUE EL MISMO MANDAMIENTO QUE ERA PARA VIDA, A MI RESULTÓ PARA MUERTE; PORQUE EL PECADO, TOMANDO OCASION POR EL MANDAMIENTO, ME ENGAÑÓ Y POR EL ME MATÓ." (Romanos 7:10-11).



"EL CUAL ASIMISMO NOS HIZO MINISTROS COMPETENTES DE UN NUEVO PACTO, NO DE LA LETRA, SINO DEL ESPÍRITU; PORQUE LA LETRA MATA MAS EL ESPIRITU VIVIFICA.

Y SI EL MINISTERIO DE MUERTE GRABADO CON LETRAS EN PIEDRAS FUE CON GLORIA, TANTO QUE LOS HIJOS DE ISRAEL NO PUDIERON FIJAR LA VISTA EN EL ROSTRO DE MOISÉS A CAUSA DE LA GLORIA DE SU ROSTRO, LA CUAL HABIA DE PERECER,

COMO NO SERÁ MAS BIEN CON GLORIA EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU?

PORQUE SI EL MINISTERIO DE CONDENACIÓN FUE CON GLORIA, MUCHO MAS ABUNDARÁ EN GLORIA EL MINISTERIO DE JUSTIFICACIÓN." (2 Corintios 3:6-9). Aquí San Pablo menciona el antiguo pacto escrito en tablas de piedra y se refiere a el como "ministerio de muerte", y aunque fue con gloria no deja de ser un ministerio de condenación además afirma que "la letra mata", mientras que "el Espíritu vivifica".

La ley ejercía un ministerio de condenación y al llevar a la muerte al transgresor, se convertía en un ministerio de muerte. Jesús mismo se enfrentó a los ancianos escribas y fariseos que ejercían el ministerio de condenación y de muerte cuando querían apedrear a la mujer adúltera. Nuestro Señor Jesucristo, pereció bajo el ejercicio de ese ministerio de condenación y de muerte, acusado de blasfemía.

Pablo, ejerciendo el ministerio de condenación y de muerte, encarceló a muchos cristianos y a otros mató, además de que ante sus ojos fue apedreado Esteban. El mismo apóstol Pablo junto con otros cristianos fueron perseguidos por quienes defendían el ministerio de condenación y muerte. Gracias a Dios que ya no estamos sujetos a ese ministerio de condenación y muerte. San Pablo les dice a los Romanos:

"ASI TAMBIEN VOSOTROS, HERMANOS MIOS, HABEIS MUERTO A LA LEY MEDIANTE EL CUERPO DE CRISTO, PARA QUE SEAIS DE OTRO, DEL QUE RESUCITÓ DE LOS MUERTOS, A FIN DE QUE LLEVEMOS FRUTO PARA DIOS.

PORQUE MIENTRAS ESTÁBAMOS EN LA CARNE, LAS PASIONES PECAMINOSAS QUE ERAN POR LA LEY OBRABAN EN NUESTROS MIEMBROS LLEVANDO FRUTO PARA MUERTE.

PERO AHORA ESTAMOS LIBRES DE LA LEY, POR HABER MUERTO PARA AQUELLA EN QUE ESTÁBAMOS SUJETOS, DE MODO QUE SIRVAMOS BAJO EL REGIMEN NUEVO DEL ESPÍRITU Y NO BAJO EL REGIMEN VIEJO DE LA LETRA." (Romanos 7:4-6). Aquí el apóstol le llama a la ley: régimen viejo de la letra; sin duda que se refiere a la ley de Moisés.



¿Qué es lo nuevo y lo mejor?. Lo nuevo y lo mejor es el nuevo pacto, el ministerio del Espíritu, el ministerio de justificación, el régimen nuevo del Espíritu.



¿Qué es lo queda atrás? Atrás queda: El antiguo pacto, la letra que mata, el ministerio de muerte, el ministerio de condenación, el régimen viejo de la letra.



En Gálatas 2:15-16 San Pablo hace una importante declaración que incluye el ministerio de muerte y el ministerio de vida: "NOSOTROS JUDIOS DE NACIMIENTO, Y NO PECADORES DE ENTRE LOS GENTILES, SABIENDO QUE EL HOMBRE NO ES JUSTIFICADO POR LAS OBRAS DE LA LEY, SINO POR LA FE DE JESUCRISTO, NOSOTROS TAMBIEN HEMOS CREIDO EN JESUCRISTO PARA SER JUSTIFICADOS POR LA FE DE CRISTO Y NO POR LAS OBRAS DE LA LEY, POR CUANTO POR LAS OBRAS DE LA LEY NADIE SERÁ JUSTIFICADO." En ese: "El hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo", encontramos la razón por la que San Pablo le dice a los Hebreos que el Nuevo Pacto es mejor que el anterior, pues por medio del antiguo el hombre no puede alcanzar la justificación, mientras que en el Nuevo Pacto, Dios nos garantiza la justificación por la fe en Cristo.

A los Gálatas, a quienes unos judaizantes, trataban de apartarlos de la justificación por la fe en Jesucristo, y regresarlos nuevamente a buscar la justificación por las obras de la ley, Pablo les dice: "PORQUE TODOS LOS QUE DEPENDEN DE LAS OBRAS DE LA LEY ESTAN BAJO MALDICIÓN, PUES ESCRITO ESTÁ: MALDITO TODO AQUELQUE NO PERMANECIERE EN TODAS LAS COSAS ESCRITAS EN EL LIBRO DE LA LEY, PARA HACERLAS. Y QUE POR LA LEY NINGUNO SE JUSTIFICA PARA CON DIOS, ES EVIDENTE, PORQUE: EL JUSTO POR LA FE VIVIRÁ; Y LA LEY NO ES DE FE, SINO QUE DICE: EL QUE HICIERE ESTAS COSAS VIVIRÁ POR ELLAS." (Gálatas 3:10-12).

Pablo muestra gran interés porque los gálatas no se dejen engañar y usa el siguiente argumento para que no regresen a las prácticas del "ministerio de muerte": "DE CRISTO OS DESLIGASTEIS, LOS QUE POR LA LEY OS JUSTIFICAÍS; DE LA GRACIA HABEIS CAIDO." (Gálatas 5:4).

Una frase contundente dirigida a los Gálatas dice: "NO DESECHO LA GRACIA DE DIOS; PUES SI POR LA LEY FUESE LA JUSTICIA, ENTONCES POR DEMÁS MURIÓ CRISTO." (Gálatas 2:21). No hay nada mas razonable. Si Dios hubiera querido que el hombre fuera justificado por medio de cumplir la ley de Moisés ¿para qué habría enviado a su Hijo amado a morir por los pecadores? No habría tenido sentido.

Si el hombre pudiera justificarse por cumplir la ley de Moisés, entonces, la muerte de Cristo habría sido inútil. Si Cristo murió para salvar al hombre, entonces, la ley de Moisés ya resulta inútil. Por eso Pablo dice: EL FIN DE LA LEY ES CRISTO. Alguien sigue diciendo igual que los judíos que el hombre es salvo por creer en Cristo y guardar la ley de Moisés. La Biblia solo menciona dos pactos: Uno de la ley y uno de la gracia; no habla de un tercer pacto que incluya ley y gracia. Somos salvos sólo por gracia. Si nos pudiéramos salvar por cumplir la ley de Moisés, ya no haría falta la gracia. Pero como la ley no puede salvar, entonces, la salvación es exclusivamente por gracia. Toda mezcla de la gracia con la ley resulta contraproducente. Si mezclamos algunas ordenanzas de la ley con la gracia, estamos bajo maldición, pues dice que MALDITO EL HOMBRE QUE NO PERMANECIERE EN TODOS LOS MANDAMIENTOS DE LA LEY PARA HACERLOS. Para Salvarnos el Nuevo Pacto solo demanda fe.



MINISTERIO DE JUSTIFICACION 2 Co 3:6-9.



" 2 NUESTRAS CARTAS SOIS VOSOTROS. ESCRITAS EN NUESTROS CORAZONES, CONOCIDAS Y LEIDAS POR TODOS LOS HOMBRES;

3 SIENDO MANIFIESTO QUE SOIS CARTA DE CRISTO EXPEDIDA POR NOSOTROS, ESCRITA NO CON TINTA, SINO CON EL ESPÍRITU DEL DIOS VIVO; NO EN TABLAS DE PIEDRA, SINO EN TABLAS DE CARNE DEL CORAZÓN.

4 Y TAL CONFIANZA TENEMOS MEDIANTE CRISTO PARA CON DIOS;

5 NO QUE SEAMOS COMPETENTES POR NOSOTROS MISMOS PARA PENSAR ALGO COMO DE NOSOTROS MISMOS, SINO QUE NUESTRA COMPETENCIA PROVIENE DE DIOS,

6 EL CUAL ASIMISMO NOS HIZO MINISTROS COMPETENTES DE UN NUEVO PACTO, NO DE LA LETRA, SINO DEL ESPÍRITU; PORQUE LA LETRA MATA, MAS EL ESPÍRITU VIVIFICA.

7 Y SI EL MINISTERIO DE MUERTE GRABADO CON LETRAS EN PIEDRAS FUE CON GLORIA, TANTO QUE LOS HIJOS DE ISRAEL NO PUDIERON FIJAR LA VISTA EN EL ROSTRO DE MOISES A CAUSA DE LA GLORIA DE SU ROSTRO, LA CUAL HABÍA DE PERECER,

8 ¿COMO NO SERÁ MAS BIEN CON GLORIA EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU?

9 PORQUE SI EL MINISTERIO DE CONDENACIÓN FUE CON GLORIA, MUCHO MAS ABUNDARÁ EN GLORIA EL MINISTERIO DE JUSTIFICACIÓN." (2 Corintios 3:2´9).



En el párrafo anterior, ya citado antes, Pablo dice: "Dios...nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto...del Espíritu..." A este ministerio le llama el ministerio del Espíritu, también, el ministerio de justificación. Dicho ministerio del Espíritu convierte a los hombres en "cartas de Cristo" escritas "en tablas de carne del corazón". Ministerio del Espíritu, porque es el Espíritu quien convence a los hombres de la necesidad de ser justificados, y ministerio de justificación, porque se centra en el mensaje de justificación gratuita por medio de la fe en Cristo. Leamos un parrado de la carta a los Romanos:



"19 PERO SABEMOS QUE TODO LO QUE LA LEY DICE, LO DICE A LOS QUE ESTAN BAJO LA LEY, PARA QUE TODA BOCA SE CIERRE Y TODO EL MUNDO QUEDE BAJO EL JUICIO DE DIOS;

"20 YA QUE POR LAS OBRAS DE LA LEY NINGÚN SER HUMANO SERÁ JUSTIFICADO DELANTE DE ÉL; PORQUE POR MEDIO DE LA LEY ES EL CONOCIMIENTO DEL PECADO.

"21 PERO AHORA, APARTE DE LA LEY, SE HA MANIFESTADO LA JUSTICIA DE DIOS, TESTIFICADA POR LA LEY Y POR LOS PROFETAS;

"22 LA JUSTICIA DE DE DIOS POR MEDIO DE LA FE EN JESUCRISTO, PARA TODOS LOS QUE CREEN EN ÉL, PORQUE NO HAY DIFERENCIA,

"23 POR CUANTO TODOS PECARON, Y ESTAN DESTITUIDOS DE LA GLORIA DE DIOS,

"24 SIENDO JUSTIFICADOS GRATUITAMENTE POR SU GRACIA, MEDIANTE LA REDENCIÓN QUE ES EN CRISTO JESÚS,

"25 A QUIEN DIOS PUSO COMO PROPICIACIÓN POR MEDIO DE LA FE EN SU SANGRE, PARA MANIFESTAR SU JUSTICIA, A CAUSA DE HABER PASADO POR ALTO, EN SU PACIENCIA, LOS PECADOS PASADOS,

"26 CON LA MIRA DE MANIFESTAR EN ESTE TIEMPO SU JUSTICIA, A FIN DE QUE EL SEA EL JUSTO, Y EL QUE JUSTIFICA AL QUE ES DE LA FE DE JESÚS.

"27 ¿DÓNDE, PUES, ESTA LA JACTANCIA? QUEDA EXCLUIDA. ¿POR CUAL LEY? ¿POR LA DE LAS OBRAS? NO, SINO POR LA LEY DE LA FE.

" 28 CONCLUIMOS, PUES, QUE EL HOMBRE ES JUSTIFICADO POR FE SIN LAS OBRAS DE LA LEY.

"29 ¿ES DIOS SOLAMENTE DIOS DE LOS JUDIOS? ¿NO ES TAMBIEN DIOS DE LOS GENTILES? CIERTAMENTE, TAMBIEN DE LOS GENTILES.

"30 PORQUE DIOS ES UNO, Y EL JUSTIFICARÁ POR LA FE A LOS DE LA CIRCUNCISIÓN, Y POR MEDIO DE LA FE A LOS DE LA INCIRCUNCISIÓN.

"31 ¿LUEGO POR LA FE INVALIDAMOS LA LEY? EN NINGUNA MANERA, SINO QUE CONFIRMAMOS LA LEY." (Romanos 3:19-31).



En el párrafo anterior encontramos versículos que nos hablan de la justificación por la fe sin las obras de la ley:

"Por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él.

"La justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él."

"Justificados gratuitamente por su gracia"

"El...Justifica al que es de la fe de Jesús"

"El hombre es justificado por fe sin las obras de la ley."

"Dios es uno, y el justificará por la fe a los de la circuncisión, y por medio de la fe a los de la incircuncisión."

Todos estos textos nos dicen que es Dios quien justifica gratuitamente al hombre que deposita su fe en Jesucristo, a fin de que él sea el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesús. Dios es justo y lo que justifica al hombre no es su propia justicia, sino la justicia de Dios. La justicia de Dios es la que hace justo al hombre, no la justicia humana. Tanto judíos como gentiles son justificados por la fe en Jesucristo. Lo que nos hace justos delante de Dios es la justicia que él mismo nos da, no la que nosotros podríamos obtener por nuestros propios méritos; y aunque lo intentáramos, no podríamos conseguirlo, pues nadie puede cumplir la ley.



San Pablo quiere dejar bien claro este asunto de la justificación por medio de la fe, por tanto, sigue argumentando sobre este asunto en el capítulo 4 de la carta a los romanos, en el cual pone como ejemplo a Abraham, el cual, dice él, fue justificado por la fe sin las obras de la ley. "PORQUE SI ABRAHAM FUE JUSTIFICADO POR LAS OBRAS, TIENE DE QUE GLORIARSE, PERO NO PARA CON DIOS." (Aquí tal parece que Pablo le estuviera contestando a Santiago que dice: "NO FUE JUSTIFICADO POR LAS OBRAS ABRAHAM, NUESTRO PADRE, CUANDO OFRECIO A SU HIJO ISAAC SOBRE EL ALTAR?).

Pablo menciona que la Escritura dice:"CREYÓ ABRAHAM A DIOS, Y LE FUE CONTADO POR JUSTICIA." (Romanos 4:3). La fe de Abraham le fue contada por justicia, de igual manera que nuestra fe es contada por justicia. En los versículos 4 Y 5, Pablo dice: "PERO AL QUE OBRA NO SE LE CUENTA EL SALARIO COMO GRACIA, SINO COMO DEUDA; MAS AL QUE NO OBRA, SINO CREE EN AQUEL QUE JUSTIFICA AL IMPIO, SU FE LE ES CONTADA POR JUSTICIA." Para entender la justificación por fe es necesario entender que al que obra, el salario que se le paga no se le toma en cuenta como gracia sino como deuda. Con esto Pablo da a entender que si la justificación fuera por obras, eso convertiría a Dios en deudor. Si Dios pidiera que el pecador hiciera obras para obtener su justificación estaría en deuda con el pecador, pero como Dios no es deudor de nadie, por eso justifica gratuitamente al pecador para que sea éste quien esté en deuda con su Creador. "MAS EL QUE NO OBRA, SINO CREE EN AQUEL QUE JUSTIFICA AL IMPIO, SU FE LE ES CONTADA POR JUSTICIA." (Romanos 4:5). Y quien justifica al impío es Dios mediante la redención que es en Cristo Jesús. ¡Aleluya!

Pablo dice en el versículo 6 que David también habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras. Dios atribuye justicia sin obras. Lo dice David, lo dice Pablo, lo dice Dios, pues lo que escribió David, la Biblia dice que fue bajo la inspiración del Espíritu Santo. "BIENAVENTURADOS AQUELLOS CUYAS INIQUIDAES SON PERDONADAS, Y CUYOS PECADOS SON CUBIERTOS. BIENAVENTURADO EL VARON A QUIEN EL SEÑOR NO INCULPA DE PECADO." (Romanos 4:7-8).Desde luego que son felices aquellos a quienes el Señor les ha perdonado todos sus pecados. Tales bienaventurados somos nosotros que hemos sido justificados gratuitamente al depositar nuestra fe en Jesús, el Hijo de Dios, nuestro único y suficiente salvador.

El apóstol Pablo sigue argumentando desde el versículo 9 hasta el 12, que esta bienaventuranza es para los de la circuncisión y para los de la incircuncisión que siguen las pisadas de la fe de Abraham al cual le fue contada la fe por justicia antes de ser circuncidado. En el versículo 11, Pablo dice que Abraham recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo estando aun incircunciso. Por la fe Abraham fue declarado justo antes de ser circuncidado. Por la fe los creyentes son declarados justos sin la circuncisión. La promesa, sigue diciendo Pablo, de que Abraham y su descendencia serían herederos del mundo no le fue dada por la ley sino por la justicia de la fe. "PORQUE SI LOS QUE SON DE LA LEY SON LOS HEREDEROS, VANA RESULTA LA FE, Y ANULADA LA PROMESA." (Romanos 4:14). Dios le dijo a Abraham: "Y SERÁN BENDITAS EN TI TODAS LAS FAMILIAS DE LA TIERRA." (Génesis 12:3). "Y TODAS LAS GENTES DE LA TIERRA SERÁN BENDITAS EN TU SIMIENTE." (Génesis 26:4b). La promesa que Dios le hizo a Abraham de que el y su simiente serían herederos de la tierra, fue hecha antes de ser circuncidado y antes de que al pueblo de Israel le hubiera sido dada la ley, por lo tanto no pueden ser herederos los de la ley, sino los de la promesa (Esto lo vuelve a enfatizar el apóstol en la carta a los Gálatas), pues si los que son de la ley son los herederos entonces la fe resulta inútil y la promesa queda anulada. y si son los de la fe quienes son los herederos, entonces la que es inútil es la ley. La fe anula la ley, y en donde no hay ley, no hay transgresión.

Así dice Pablo: "PUES LA LEY PRODUCE IRA; PERO DONDE NO HAY LEY, TAMPOCO HAY TRANSGRESIÓN." (Romanos 4:15).Por eso nadie puede ser justificado por la ley, porque la ley produce ira, jamás podremos ser justificados por la ley, pues la violación de uno solo de su preceptos nos convierte en transgresores de toda, y quedamos bajo la ira de Dios. Por eso el aposto Pablo dice que el ministerio de la letra, es decir, de la ley, es un ministerio de condenación; no hay esperanza para nadie bajo el pacto antiguo porque nadie puede cumplir la ley; de ahí que el apóstol Pablo le diga los colosenses "...DIOS QUISO DAR A CONOCER LAS RIQUEZAS DE LA GLORIA DE ESTE MISTERIO ENTRE LOS GENTILES; QUE ES CRISTO EN VOSOTROS, LA ESPERANZA DE GLORIA," (Colosenses 1:27). La única esperanza de recibir la promesa es por medio de la fe en Cristo. Todo el que quiera justificarse por las obras de la ley jamás heredará la promesa. ya que la promesa fue dada a Abraham por la justicia de la fe. Por lo tanto, los herederos de la promesa son aquellos que son justificados por la fe.

"POR TANTO, ES POR FE, PARA QUE SEA POR GRACIA, A FIN DE QUE LA PROMESA SEA FIRME A TODA SU DESCENDENCIA; NO SOLAMENTE PARA LA QUE ES DE LA LEY, SINO TAMBIEN PARA LA QUE ES DE LA FE DE ABRAHAM, EL CUAL ES PADRE DE TODOS NOSOTROS (COMO ESTA ESCRITO: TE HE PUESTO POR PADRE DE MUCHAS GENTES) DELANTE DE DIOS A QUIEN CREYÓ, EL CUAL DA VIDA A LOS MUERTOS, Y LLAMA LAS COSAS QUE NO SON COMO SI FUESEN." (Romanos 4:16-17). Aquí vemos que Abraham tiene una descendencia que incluye a los de la ley y también a los que sólo tienen fe, o sea los que ponen su fe en Cristo pero que no son del pueblo de Israel; ambos pueblos serán justificados por la fe, para que la promesa sea por gracia.

Pablo escribe que Abraham estaba plenamente convencido de que Dios era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Creyó en la promesa de Dios de que él habría de ser padre de muchas gentes a pesar de su grande edad y de la esterilidad de Sara. Su fe en la promesa de Dios le fue contada por justicia. Pablo termina el capítulo 4 de Romanos, diciendo: "Y NO SOLAMENTE CON RESPECTO A ÉL SE ESCRIBIO QUE LE FUE CONTADA, SINO TAMBIEN CON RESPECTO A NOSOTROS A QUIENES HA DE SER CONTADA, ESTO ES, A LOS QUE CREEMOS EN EL QUE LEVANTÓ DE LOS MUERTOS A JESÚS, SEÑOR NUESTRO, EL CUAL FUE ENTREGADO POR NUESTRAS TRANSGRESIONES, Y RESUCITADO PARA NUESTRA JUSTIFICACIÓN." (Romanos 4:23-25). Al igual que a Abraham, según lo dicho por Pablo, a nosotros la fe también nos será contada por justicia.



En la carta a los Gálatas, el apóstol Pablo dice que Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia y que los que son de fe, estos son los hijos de Abraham y que Dios le dijo a Abraham "en ti serán benditas todas las naciones", ya que por la fe, Dios había de justificar a los gentiles y es por la fe que los gentiles son bendecidos junto con el creyente Abraham.

Dice además Pablo los gálatas que los que dependen de la ley están bajo de maldición ya que la escritura dice: "MALDITO TODO EL QUE NO PERMANECIERE EN TODAS LAS COSAS ESCRITAS EN EL LIBRO DE LA LEY PARA HACERLAS." (Gálatas 3:10b). Agrega Pablo que la ley no es de fe, sino que dice: "EL QUE HICIERE ESTAS COSAS VIVIRÁ POR ELLAS" Pero que Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición al ser colgado en un madero, para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

En Gálatas 3:15-18), argumenta el apóstol que si la herencia es por la ley, entonces ya no es por la promesa, pero Dios le concedió la herencia a Abraham mediante la promesa y que la ley dada 430 años después no abroga la promesa que le fue hecha a Abraham y a Cristo, pues Cristo es la simiente de Abraham.

"ESTO, PUES, DIGO: EL PACTO PREVIAMENTE RATIFICADO POR DIOS PARA CON CRISTO, LA LEY QUE VINO CUATROCIENTOS TREINTA AÑOS DESPUES, NO LO ABROGA PARA INVALIDAR LA PROMESA." (Gálatas 3:17). O sea que, la promesa sigue vigente a pesar de la ley. La ley sólo fue un ínterin mientras llegaba aquel a quien fue hecha la promesa, esto es Cristo. "ENTONCES PARA QUE SIRVE LA LEY? FUE AÑADIDA A CAUSA DE LAS TRANSGRESIONES, HASTA QUE VINISESE LA SIMIENTE A QUIEN FUE HECHA LA PROMESA; " (Gálatas 3:19).La ley tuvo su razón de ser pero no anuló la promesa. ¡Gloria a Dios!, por eso San Pablo alega que para que seguir aferrado a la ley cuando ya vino la simiente y que creyendo en esa simiente obtenemos la justificación que nadie puede obtener por la ley....

Por lo tanto las promesas de Dios no se obtienen por poner en práctica las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo; y esto aplica para judíos y gentiles, circuncidados e incircuncisos por igual.



San Pablo les dice a los Gálatas que hay algunos que quieren pervertir el evangelio de Cristo. (Gá.1:7).

Pablo se menciona a si mismo como un perseguidor de la iglesia y que él era mucho más celoso de las tradiciones de sus padres, pero Dios le reveló a él a su Hijo para predicarlo entre los gentiles (Ga. 1:13-16).

Cuando Pablo fue a Jerusalén acompañado de Bernabé y Tito, les presentó a los líderes de la iglesia en Jerusalén el evangelio que predicaba entre los gentiles; y en esa ocasión nadie dijo nada acerca de circuncidar a Tito, el cual era griego (Ga.2:1-3).

Menciona en esta carta a falsos hermanos que se metían secretamente para espiar la libertad que los primeros cristianos tenían en Cristo, para ponerlos en servidumbre. Había algunos que querían que los cristianos se esclavizaran bajo la ley de Moisés. A los cuales dice Pablo que ni aun por una hora se sujetaron a fin de que la verdad del evangelio permaneciese. (Ga. 2:4-5).

Pablo enfrenta a Pedro en Antioquia. El mismo Pedro que negó a Jesús después de haber asegurado que no lo haría, nuevamente da muestras de inseguridad en Antioquia ¿Inseguridad, o ignorancia?

Pablo relata que Pedro cuando apenas había llegado a Antioquia comía con los gentiles, pero cuando llegaron a esa ciudad algunos que eran del grupo de Jacobo se retraía y se apartaba teniendo miedo de los que eran de la circuncisión. Al mirar esta actitud de Pedro otros judíos y aun Bernabé fueron llevados de la simulación de ellos (Ga. 2:11-13).



Entendemos con esto que ser cristiano no significa volverse al judaísmo. Pablo mismo lo dice en las siguientes palabras: "PORQUE SI LAS COSAS QUE DESTRUI, LAS MISMAS VUELVO A EDIFICAR, TRANGRESOR ME HAGO. PORQUE YO POR LA LEY SOY MUERTO PARA LA LEY, A FIN DE VIVIR PARA DIOS." (Gálatas 2:18-19).

Este mismo pensamiento lo comparte el apóstol con los Romanos: "ASI TAMBIEN VOSOTROS, HERMANOS MIOS, HABEIS MUERTO A LA LEY MEDIANTE EL CUERPO DE CRISTO, PARA QUE SEAIS DE OTRO, DEL QUE RESUCITÓ DE LOS MUERTOS, A FIN DE QUE LLEVEMOS FRUTO PARA DIOS." (Romanos 7:4). Hemos muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seamos de Cristo, a fin de llevar fruto para Dios.

Lo que en Gálatas 2:18-19, dice el apóstol es que si ya la ley ha sido abrogada, al volverla a poner en practica se vuelve uno transgresor. En Romanos 7:4, Pablo dice que estamos muertos para la ley, y ninguna ley tiene ya efecto sobre los muertos. Estamos muertos para la ley, ahora somos de Cristo. Leamos lo que Pablo dice de su vida en Cristo: "CON CRISTO ESTOY JUNTAMENTE CRUCIFICADO, Y YA NO VIVO YO, MAS VIVE CRISTO EN MI; Y LO QUE AHORA VIVO EN LA CARNE, LO VIVO EN LA FE DEL HIJO DE DIOS, EL CUAL ME AMÓ Y SE ENTREGÓ A SI MISMO POR MI." (Gálatas 2:20). Al igual que el apóstol, nosotros también estamos muertos juntamente con cristo, y al estar muertos, estamos fuera del alcance de la ley. Ahora vivimos para Cristo. Debemos adherirnos a lo que Pablo dice en el versículo 21 de Gálatas 2: "NO DESECHO LA GRACIA DE DIOS; PUES SI POR LA LEY FUESE LA JUSTICIA, ENTONCES POR DEMÁS MURIO CRISTO." Querer justificarse por las obras de la ley, haría vana la muerte de Cristo. Con esta declaración, Dios deja cerrada toda posibilidad de que el hombre intente justificarse por méritos propios. Y, en realidad no hay nada más insensato que querer justificarse por méritos propios cuando Dios te ofrece gratuitamente la justificación. No necesitamos hacer obras para ser declarados justos, nos basta con la fe. Al creer, ya eres declarado justo.



Al inicio del capitulo 5 de Romanos, Pablo dice: JUSTIFICADOS, PUES, POR LA FE, TENEMOS PAZ PARA CON DIOS POR MEDIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO; POR QUIEN TENEMOS ENTRADA POR LA FE A ESTA GRACIA EN LA CUAL ESTAMOS FIRMES, Y NOS GLORIAMOS EN LA ESPERANZA DE LA GLORIA DE

DIOS." (Romanos 5:1-2). Justificados, por medio de la fe, tenemos paz para con Dios. El pecado establece una barrera entre Dios y el pecador. Cuando hemos sido justificados, la barrera se derriba y ya tenemos paz para con Dios. Tenemos entrada a esta gracia por medio de nuestro Señor Jesucristo, el mediador del nuevo pacto y nuestra esperanza, es ser investidos con la gloria de Dios. El pecado nos destituye de la gloria:"POR CUANTO TODOS PECARON, Y ESTAN DESTITUIDOS DE LA GLORIA DE DIOS," (Romanos 5:23)., la justificación que Dios nos restaura su gloria en nosotros: "Y A LOS QUE PREDESTINÓ, A ESTOS TAMBIEN LLAMÓ; Y A LOS QUE LLAMÓ, A ESTOS TAMBIÉN JUSTIFICÓ; Y A LOS QUE JUSTIFICÓ, A ESTOS TAMBIÉN GLORIFICÓ." (Romanos 8:30).

"POR TANTO, NOSOTROS TODOS, MIRANDO A CARA DESCUBIERTA COMO EN UN ESPEJO LA GLORIA DEL SEÑOR, SOMOS TRANSFORMADOS DE GLORIA EN GLORIA EN LA MISMA IMÁGEN COMO POR EL ESPÍRITU DEL SEÑOR."

(2 Corintios 3:18).



En tiempo de San Pablo, en la iglesia de Galacia, había algunos que querían estar bajo la ley; a ellos les habla por medio de una alegoría. Les dice que Abraham tuvo dos hijos, uno de la esclava y el otro de la libre. El de la esclava nació según la carne, y el de la libre nació según la promesa; la esclava es Agar y la libre es Sara. Pablo dice que las dos mujeres representan los dos pactos; el primer pacto simbolizado por Agar es el pacto del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud, y --dice Pablo-- corresponde a la Jerusalén actual, la cual, junto con sus hijos está en esclavitud. Pablo menciona a la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, dice él, y es libre. No hace falta romperse tanto la cabeza para entender que la Jerusalén de arriba, es la Jerusalén celestial a la cual tendrán derecho de entrar aquellos que han puesto su confianza en Jesucristo como su salvador. Mientras que la Jerusalén "actual" es la Jerusalén terrenal, las cual junto con sus hijos está en esclavitud, bajo la ley. Pablo dice que al igual que Isaac, nosotros somos hijos de la promesa, y que al igual que entonces, el que fue nacido de la carne perseguía al que había nacido del Espíritu, así también ahora. Pablo cita la Escritura que dice:"ECHA FUERA A LA ESCLAVA Y A SU HIJO, PORQUE NO HEREDARÁ EL HIJO DE LA ESCLAVA CON EL HIJO DE LA LIBRE." (Gá.4:30). La herencia, dice Pablo no será para el hijo de la esclava, sino para el hijo de la libre. No recibirán la herencia los que tratan de justificarse por la ley de moisés sino los que al igual que Isaac han nacido del Espíritu. Es lo mismo que Jesús le dijo a Nicodemo en Juan 3:3). Pablo termina diciendo: "De manera hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre." Pablo no se consideraba ya hijo de la Jerusalén terrenal, sino de la celestial, y como tal, libre, y heredero de la promesa." (Gá.4:31).

En el capítulo 5, Pablo exhorta a los Gálatas a que se mantengan firmes en la libertad con la que Cristo nos hizo libres y que no se sujeten otra vez al yugo de la esclavitud de la ley. A quienes se justificaban por la ley, les dice: "DE CRISTO OS DESLIGASTEIS, LOS QUE POR LA LEY OS JUSTIFICAIS; DE LA GRACIA HABEIS CAIDO." (Gá. 5:4). Les dice también que quien guarda un precepto de la ley, debe guardarla toda (ver.3). Les hace ver que han sido llamados para ser libres y que la ley en una sola palabra se cumple: "PORQUE VOSOTROS, HERMANOS, A LIBERTAD FUISTEIS LLAMADOS; SOLAMENTE QUE NO USEIS LA LIBERTAD COMO OCASIÓN PARA LA CARNE, SINO SERVIOS POR AMOR LOS UNOS A LOS OTROS. PORQUE TODA LA LEY EN ESTA SOLA PALABRA SE CUMPLE: AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO." (Gá. 5:13-14). Aquí San Pablo reduce la ley a un solo mandamiento: el amor al prójimo



"SI VIVIMOS POR EL ESPÍRITU, ANDEMOS TAMBIEN POR EL ESPÍRITU."

(Gá. 5:25).



EL NUEVO PACTO SELLADO CON LA SANGRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO ES EL MEJOR PACTO DEL CUAL NOS HABLA PABLO EN LA CARTA A LOS HEBREOS. PABLO MENCIONA ESTE PACTO COMO

PACTO DEL ESPÍRITU,

MINISTERIO DEL ESPÍRITU Y

REGIMEN NUEVO DEL ESPÍRITU.

EN ESTE NUEVO PACTO, LOS CREYENTES SOMOS JUSTIFICADOS GRATUITAMENTE POR LA GRACIA DE DIOS Y SOMOS VIVIFICADOS POR EL ESPÍRITU SANTO. YA NO DEBEMOS SOMETERNOS BAJO EL ANTIGUO REGIMEN DE LA LETRA, PORQUE "LA LETRA MATA, MAS EL ESPÍRITU VIVIFICA." NUESTRO ANDAR DEBE SER EN EL ESPÍRITU, CONFORME A LO QUE DICE EL APOSTOL DE LOS GENTILES:

"SI VIVIMOS POR EL ESPÍRITU, ANDEMOS TAMBIEN POR EL ESPÍRITU." (Gá. 5:25)